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viernes, 15 de febrero de 2019

Hidrólisis: ¿¿Qué le ha pasado a las suelas de mis zapatos??


Como decía en mi anterior artículo, el mundo que hay entre tu pie y el suelo es un mundo fascinante.  Sin que tú te des cuenta, en ese mínimo espacio se están produciendo infinidad de procesos físicos, químicos, y bacterianos.  Algunos de ellos nos traen de cabeza, y les dedicamos ingentes recursos de investigación, para intentar evitar que se produzcan. Y a pesar de ello, algunas veces ocurren.  

Uno de estos procesos es la degradación por hidrólisis. Esta reacción química no deseada es la responsable de que alguna vez las suelas de tus zapatos se hayan degradado inexplicablemente. Y para colmo esto puede haber ocurrido a pesar de que el resto del calzado tenga la apariencia de no haber sufrido desgaste significativo, a pesar de no haber utilizado el calzado en muchas ocasiones, o incluso a pesar de haber cuidado el calzado “con mimo”.

Si has sufrido este problema con anterioridad, y antes de demonizar al material del que están fabricadas estas suelas, dedícale unos minutos a este post.


En primer lugar, debemos conocer bien al enemigo: la hidrólisis se define como la desintegración de polímeros en presencia de agua. Es la reacción inversa a la polimerización de los polímeros que contienen funciones carbonilo, que los convierte en monómeros.
De todos los materiales de los que puede fabricarse la suela de tu zapato, sólo uno, el poliuretano (y específicamente sólo un tipo de poliuretano usado para fabricar suelas) sufre de hidrólisis.

Para algunos impacientes la solución al problema sería sencilla, dejar de utilizar el poliuretano para fabricar suelas.  Pero como dije en mi anterior post, el poliuretano es como el Anillo de Poder, un material para gobernarlos a todos.  Así que, si queremos aprovechar las inmensas ventajas que nos ofrece este material (y creedme, queremos, se trata de un material irremplazable), tendremos que conocer bien, y minimizar en lo posible, el proceso de hidrólisis.

Bien, volviendo a la química, la hidrólisis, en polímeros de uretano, se produce a través de la siguiente reacción:





Es necesario también considerar reacciones secundarias, por la presencia de otras funciones hidrolizables en el polímero, como son las funciones urea (espumas flexibles)


La hidrólisis no intencionada es la causante de la degradación de las suelas. Hace falta aclarar lo de “no intencionada” porque existe un proceso intencionado de hidrólisis, para el reciclado químico de residuos de poliuretano.  Pero esa es otra historia, que merece ser contada en otra ocasión.

Existen dos variedades básicas de poliuretano, ambas utilizadas extensamente en la fabricación de suelas de calzado, conocidas como:

“Poliuretano basado en polioles poliéter“  (PEOL PU):

y

“Poliuretano basado en polioles poliéster“  (PESOL PU):


Cada uno de ellos tiene sus fortalezas y debilidades químicas.  De manera muy breve se puede decir que los polioles poliéter son más parecidos a hidrocarburos, y tienen una menor resistencia a estos, y los polioles poliéster son más parecidos al agua (en cuanto a su polaridad), y por tanto tienen una menor resistencia al agua.  Esto se debe a la ley universal de la química que dice que “lo semejante disuelve a lo semejante”.

Volviendo a lo que nos ocupa, que tengo facilidad de irme por las ramas, el poliuretano poliéster tiene una reconocida debilidad química ante el agua, una vulnerabilidad química al ataque gradual que puede resultar en su total degradación a largo plazo. Y el agua no necesita estar presente en forma líquida. El aire de humedad relativa normal contiene suficiente agua en forma de vapor para reaccionar con el PU en condiciones de almacenamiento normales, y "secas".

Únicamente gracias a que el PU es un material muy robusto, con un amplio margen en las propiedades mecánicas que necesita para cumplir su papel, el efecto de la hidrólisis tarda mucho tiempo en mostrar un debilitamiento de la estructura polimérica. Sin embargo, una vez que se ha llegado a un punto crítico, el desgaste catastrófico puede ocurrir muy rápidamente. 

No hay un signo visible del ataque hasta que la suela está tan debilitada que falla de algún modo. Las suelas afectadas por hidrólisis pueden partirse, desgastarse, o desintegrarse.



Para no aburrir (además de que no debo hacerlo) no entraré en detalle sobre las formulaciones de poliuretano poliéster que actualmente garantizan una óptima resistencia ante la hidrólisis, pero puedo decir que el principal know-how de las empresas químicas sobre estas formulaciones se centra en el estudio de la estructura de los polioles poliéster, el balance estequiométrico ácido-álcali, y el uso de aditivos en ambos componentes, poliol e isocianato.


Pero el uso de un tipo de poliuretano resistente es sólo el primer paso para fabricar suelas resistentes. 


Una peculiaridad del poliuretano en general, especialmente crítica en este caso, es que la polimerización no se realiza en una gran planta química (como se hace para la mayoría del resto de polímeros), sino que se realiza en un paso posterior, directamente en el interior del molde que va a dar forma final a la suela.  Y esta diferencia es muy importante.  

Una reacción química es algo muy complejo, que se ve afectado por muchos factores. En nuestro caso se pueden citar como los más importantes la temperatura, la presión, la humedad, la relación de mezcla entre los componentes, y la densidad final de la espuma.
Un pequeño cambio en alguno de esos factores afecta significativamente a la reacción química, a la eficiencia de esta, al equilibrio químico, o a la aparición de reacciones secundarias.  Es fundamental que el fabricante de suelas, o en su caso el fabricante final del calzado, controlen minuciosamente los parámetros del proceso de producción, para asegurar que las suelas que ellos fabrican sean de la calidad establecida con el proveedor de componentes del poliuretano.


Pero aún debemos tener en cuenta un factor más: el proceso de hidrólisis no comienza cuando el usuario utiliza finalmente el calzado, sino en cuanto el poliuretano, después de moldeado, es expuesto al aire que contiene cierta humedad (es decir, al aire de cualquier ambiente). Este proceso continúa durante el almacenamiento, envío, distribución, y finalmente puesta en servicio al cliente final. Las condiciones de almacenamiento en todas estas fases determinan mucho más la velocidad de la hidrólisis que las condiciones de uso del calzado. La mejor manera de ralentizar la hidrólisis es almacenar el calzado en condiciones de humedad significativamente bajas.

Minimizar la hidrólisis es, en definitiva, una responsabilidad compartida.


La degradación por hidrólisis suele llevar un buen número de años en mostrar efectos en el calzado.  La mayoría de los zapatos terminan su ciclo de vida antes de que aparezcan signos de hidrólisis.  Sin embargo, siempre hay un pequeño porcentaje que es conservado por más tiempo por los usuarios, o almacenado por más tiempo por los distribuidores, antes de su venta –especialmente los estilos clásicos, no sujetos a modas–, o usado muy esporádicamente por los usuarios finales.  Estos zapatos sufrirán hidrólisis. 
Para minimizar este inevitable proceso, nosotros, los fabricantes de sistemas de poliuretano, buscamos formular nuestros materiales de manera que sean resistentes a la hidrólisis, y asesorar a nuestros clientes para controlar todos los aspectos de la fabricación del producto final, todo ello dirigido a proporcionar al usuario final una durabilidad suficiente, que cubra todo el ciclo de vida del calzado.



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miércoles, 18 de febrero de 2015

Un Material para Gobernarlos a Todos. El poliuretano en la industria del calzado



El espacio que hay entre tu pie y el suelo es un mundo fascinante. Una gran variedad de materiales se han utilizado desde los inicios de la historia del calzado, hace más de 10.000 años, a finales del periodo paleolítico, para proteger nuestros pies ante los múltiples peligros que le acechan desde los diferentes terrenos que pisamos.

No sólo eso, sino que en muchas ocasiones no hay un solo material, sino una compleja combinación de varios materiales, para conseguir la mejor combinación de protección, y confort, entre nuestro pie y el suelo.

Intentar hacer una clasificación de la calidad de los diferentes materiales que se pueden utilizar como suelas es sumamente pretencioso, pero puedo intentar hacer una aproximación sencilla.

Lo que suele interesar en el material que está en contacto con el suelo es que resista el desgaste al caminar. En general se puede decir que las propiedades de durabilidad del material utilizado son directamente proporcionales a su densidad.  Esto tiene, como se verá, muchas excepciones, pero nos puede servir como regla general.


Un material compacto (de densidad relativa 1 o superior) no posee prácticamente huecos en su interior, y por tanto presentará, sea cual sea este material, unas propiedades "completas".  Fijémonos por ejemplo en la resistencia a la abrasión, o lo que podríamos entender en palabras de la calle como el desgaste de la suela.  Un hipotético rodillo de material abrasivo, que simulara el contacto con el suelo de la suela, no encontraría en el caso de un material compacto ningún hueco por donde iniciar el desgaste del material (excepto, lógicamente, los defectos superficiales del material, aunque sean muy pequeños).  Este material resistiría el contacto abrasivo durante un tiempo prolongado, que se podría determinar fácilmente, si consideramos la dureza de ambos materiales (el rodillo abrasivo, y el material de la suela).
A partir de este ensayo, es fácil hacer una clasificación de durabilidad, si comparamos siempre contra el mismo material abrasivo.


 
Un material de densidad menor que la del agua necesariamente ha de tener una estructura celular 
El "truco" para que la densidad de estos materiales (cuyo peso específico es siempre mayor que 1) sea menor que la del agua es crear una estructura celular, en la que haya mucho aire en su interior.
Las celdas pueden ser más o menos grandes, y estar más o menos conectadas entre sí.  Pero en definitiva, tiene que haber mucho hueco vacío (en realidad, lleno de gas, que puede ser aire, dióxido de carbono, o algunos otros) para que la estructura completa pese menos que el agua, y por tanto, su densidad sea menor.
Podemos tener estructuras de célula abierta (que pueden tener celdas tan grandes que llegan a ser visibles, como por ejemplo en las esponjas de baño, o la espuma de PU flexible de colchones o asientos) o estructuras de célula cerrada (en las que tenemos celdas separadas entre sí, y que no dejan salir ni entrar el aire, como por ejemplo las espumas de aislamiento térmico de las neveras).
Por otro lado, independientemente de su estructura abierta o cerrada, podemos tener unas celdas más finas o más grandes.

Las propiedades de un material celular van a depender de gran cantidad de factores: de la cantidad de espacio vacío que tengan, de cómo está conectado ese espacio vacío, también de qué gas esté relleno ese espacio vacío, y finalmente de las propiedades del material que forma la estructura.

Pero si volvemos a la gráfica anterior, y situamos todos los valores de resistencia a abrasión de los diferentes materiales ensayados, junto con su densidad, desde los materiales compactos a los materiales de menor densidad, veremos que se cumple aproximadamente la hipótesis inicial, aunque ya no tendremos una línea, sino una nube de puntos, con la siguiente forma.


Si repetimos esto mismo para otras propiedades diferentes, veremos que suele obtenerse una forma bastante similar. Ese gráfico puede servirnos de referencia para evaluar la calidad del material que podemos encontrar para fabricar la suela del zapato.

Pues bien, y ahora viene la explicación al título de este post. Sólo existe un material que cubre toda esa zona.  Que cubre todas las densidades y calidades posibles.  Un material que los gobierna a todos.  Un material para encontrarlos, un material para atraerlos a todos, y en las tinieblas atarlos. El material único.  Mi Tesssoro. El poliuretano.


Podemos comparar la calidad de los materiales en todos los rangos de densidad posibles, y siempre aparecerá el poliuretano, luchando con los demás materiales posibles, luchando por dominarlos a todos. Y en casi todos los “combates” sale bastante bien parado.

Si comenzamos por los materiales compactos, encontramos dos enemigos muy poderosos del poliuretano, el cuero y el caucho vulcanizado.

La suela de zapato "de toda la vida" (o como dice Juan-José, Yanko, Iruin, en su muy recomendable post La Química de una suela de zapato “una suela como Dios manda") se fabrica con cuero.

Aunque lamento decirte, querido Búho, que aunque la suela de cuero tiene sus ventajas (a mí también me gusta mucho el sonido de una suela de cuero, en unos buenos y elegantes zapatos de vestir) la durabilidad no es una de ellas.  Tampoco la facilidad de diseño, la impermeabilidad, transpirabilidad, aislamiento térmico, etc.

En cuanto al caucho vulcanizado, o goma, fue introducida como material para fabricar suelas hace más de 50 años, y presentó un importante logro tecnológico: gracias a las suelas de goma, las suelas se hicieron impermeables, permitiendo mantener los pies secos y calientes sobre todo en los meses de invierno.
Podemos decir que la goma es el enemigo más poderoso del poliuretano, en la zona norte de la Tierra Media.
Contra este poderoso enemigo, el poliuretano puede enfrentarse también con un grupo de poderosos materiales, La Comunidad del Anillo, entre los que se encuentran el TPU o poliuretano termoplástico inyectado, o el poliuretano compacto proyectado con tecnología RPU.


Como vemos en la siguiente figura, en términos de durabilidad, el poliuretano compacto (solid PU) sale muy bien parado con respecto a los dos materiales compactos citados, el caucho vulcanizado y el cuero.


Si pasamos a los materiales de menor densidad, el PU celular cubre un rango enorme de densidades, entre el prácticamente compacto (densidad 0,9 - 1,0 g/cm3) pasando por los habituales 0,6 - 0,5 g/cm3 para suelas de alta calidad, los 0,4 - 0,5 g/cm3 de las suelas más gruesas y ligeras y con menores requerimientos (por ejemplo las suelas de cuña de zapato femenino), los 0,3 - 0,4 g/cm3 para suelas de bajo requerimiento (por ejemplo el calzado de interior, las pantuflas de andar por casa), incluso los 0,2 - 0,3 g/cm3 de la entresuela deportiva, o del material para plantillas interiores que aportan mayor comodidad a nuestros pies.

Para cada uno de estos rangos de densidad se podría escribir un nuevo post, así que no me alargaré mucho más. Como hemos dicho, cuanto más bajamos la densidad peores propiedades vamos a obtener en general.

Pero sin embargo si bajamos la densidad al mínimo, encontraremos a uno de los más temibles enemigos del poliuretano. Un material muy conocido por todos los amantes del running, el EVA (siglas del Etil-Vinil-Acetato, nada que ver con la mujer de Adán, y causante del Pecado Original).
Este material podríamos decir que representa la menor densidad que se puede utilizar como material de suelas de calzado.
Sus propiedades para uso como material de suela son muy limitadas, no sólo en resistencia a la abrasión, sino también todo lo demás (sin entrar en muchos detalles, tiene una deformación remanente desastrosa, y una malísima resistencia al desgarre, por ejemplo) lo que limita su uso para suelas de chanclas, zuecos de hospital, etc. Pero su ventaja fundamental es el confort que proporciona, debido a su rebote .   Un material tan ligero, y con una elasticidad tan alta, tiene un tacto muy peculiar, que todo el mundo puede disfrutar haciendo guerras con los archiconocidos "churros de piscina".
Pero donde el EVA ha sido hasta hace muy poco imbatible ha sido en la entresuela del calzado deportivo.  Prácticamente toda deportiva de running del mundo fabricada en los últimos 30 años tiene una entresuela de EVA.

Pero como afirmo en el título de este post, el PU es el material para gobernarlos a todos, el anillo de poder, e incluso contra el todopoderoso EVA está consiguiendo vencer.

En este caso, el material desarrollado para esta ardua batalla en la parte Sur de la Tierra Media es el siguiente: micro TPU pre-expandido. Sin duda, El Retorno del Rey poliuretano.


En definitiva, de todas las combinaciones posibles de materiales que se utilizan para separar tu pie del suelo, es muy difícil no encontrar al poliuretano formando parte de alguna de las capas: patín, piso, suela, entresuela, plantilla, etc.  

Si no sabes lo que hay entre tu pie y el suelo, la respuesta es fácil: el Material Único, el que los gobierna a Todos.

Nota: This post is also available in English in my LinkedIn page: https://www.linkedin.com/pulse/one-material-rule-them-all-polyurethane-footwear-servet-casabona