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jueves, 3 de septiembre de 2015

Las mentiras del independentismo



Me había prometido a mí mismo no hablar de Cataluña y sus políticos nacionalistas. Estoy muy harto del tema. Es un tema con el que los políticos y sus medios de comunicación quieren monopolizar la vida de los que vivimos en Cataluña. Como si no hubiera nada mas. Todo los demás es secundario, todo lo que pasa se ve a través del prisma desenfocado de la confrontación entre la Generalitat y el Gobierno Central.

Pero ha llegado a un punto en el que no puedo más.  Nos están intentando engañar de una manera esperpéntica, miserable, vil, convocándonos a (otra) cita histórica y decisiva en el futuro de Cataluña, en la que supuestamente debemos decidir sobre el futuro político de Cataluña como posible estado independiente,  mientras lo que estamos haciendo es eligiendo a quien nos va a gobernar en los próximos años (o meses, visto el historial de duración de los últimos gobiernos autonómicos).

Por eso escribo estas pocas líneas sobre las (últimas) mentiras del independentismo catalán. No tengo muchas esperanzas de convencer a ninguno de mis amigos que se declaran (ahora) independentistas, o defensores del "Derecho a decidir", aunque cualquiera sabe. Aunque quizas consiga convencer a alguno de la gran mayoría de mis amigos (y estoy convencido de que la inmensa mayoría del pueblo catalán) que simplemente están hartos de este debate inútil, desencantados de los políticos de uno y otro bando, y de que todos nuestros esfuerzos tengan que ir destinados a discutir sobre un modelo de convivencia que tanto esfuerzo y guerras nos costó conseguir durante los dos últimos siglos, en vez de concentrar nuestros esfuerzos (y sobre todo los esfuerzos de los políticos) en gestionar esta jodida crisis que nos lleva castigando tantos años ya. A todos esos desencantados, que los secesionistas dan por hecho no irán a votar el 27S, para que sí,  esta vez sí vayan a votar,  porque será la única manera de parar esta rueda infinita de sinsentido, esta locura de confrontación en espiral creciente, esta pesadilla del Día de la Marmota, este cáncer de la convivencia pacífica y tolerante que es el nacionalismo (cualquier nacionalismo), este experimento Orwelliano de manipulación mediática.

Por eso, y porque estoy harto de mentiras. De mentiras que, aunque tan evidentes que parece que nos tomen por tontos, convencen a muchos, a millones, de personas inteligentes, que se convierten en una masa estúpida y fácil de manejar.

Las mentiras que voy a resumir aquí son sólo unas pocas, muy pocas,  de todas las que dicen a diario. No es un trabajo muy exhaustivo,  y cualquiera puede hacerlo fácilmente.  Pero son las que yo considero más insultantes, alrededor de todo esto que ahora llaman "el procés" [prusés].

La primera es el propio concepto de independentismo,  como corriente "mainstream" de la opinión pública nacionalista. Todo el mundo sabe en Cataluña que hace bien pocos años los independentistas eran un grupo residual en la vida política catalana. El propio Artur Mas hacía estas declaraciones en un libro entrevista del escritor Refael de Ribot en 2002:


Sabias palabras del joven Artur. Lástima que su trayectoria política de los últimos años esté siendo tan "irresponsable".



 ¿Cuándo se produjo el cambio, y quién tuvo la culpa? Eso es largo y difícil de explicar, pero el punto de inflexión fue la reforma del Estatut de autonomía de Cataluña impulsado por el socialista Pascual Maragall, y con el también socialista Rodríguez Zapatero en el gobierno central.
Dicen mis amigos nacionalistas que el independentismo "explotó" tras los recortes que la sentencia del Tribunal Constitucional (ya con el PP en el poder, y tras un esperpéntico espectáculo de lucha política por su control) realizó sobre el Estatut. Los nacionalistas catalanes, que han desarrollado hasta la perfección el recurso político del victimismo, aprovecharon estas dos afrentas, el engaño de Zapatero, y la manipulación judicial de Rajoy, para poner en marcha lo que llevaban preparando desde hace décadas: la utilización del odio a España,  que ellos mismos han fomentado, en su provecho.


Pero nadie se acuerda que el primero que realizó recortes al Estatut fue el propio Artur Mas, por aquel entonces en la oposición,  que con la necesidad de colgarse alguna medalla de cara a las cercanas elecciones autonómicas fue a negociar en secreto (nada de referendums, ni de derecho a decidir) con Zapatero las cosas que había que eliminar, para que pasara el filtro del Congreso.


Pues parece que el Tribunal Constitucional no fue el que dejó el Estatut como una reforma raquítica, sino Artur Mas. A menos, en opinión de su actual socio Oriol Junqueras.

CiU continuaba ejerciendo la política de negociación y pactos con los diferentes gobiernos centrales (también llamada aquí "la puta y la Ramoneta") que históricamente había llevado, hasta que se produjo un cambio radical, por una decisión personal del ya President Artur Mas en Septiembre de 2012, tras varios meses de durísimos ajustes y recortes implementados por la Generalitat, y con la clara intención de desviar el foco del discurso político, decidió convocar elecciones.  La primera de una larga serie de citas "históricas para el futuro de Cataluña".


La Diada 2012 fue "un clamor de la ciudadanía catalana, que espontáneamente respondió a un ataque intolerable al modelo de convivencia elegido por todos los catalanes". En esta frase hay un montón de mentiras, pero la más gorda es que fue espontáneo. Fue promovido por la Generalitat, organizado por varias asociaciones que viven de sus subvenciones (y que curiosamente ahora forman parte de la famosa lista del "Junts pel Sí"), y por supuesto promocionado por los medios de comunicación controlados por la Generalitat.

Sinceramente, no sé decir si Artur Mas fue muy inteligente o muy estúpido al "subirse a la ola" del independentismo.  Cada vez que se ha presentado (y van unas cuantas) ha perdido escaños, ha cambiado de socios, hasta cargarse su propia coalición CiU, y se ha metido en un callejón sin salida, sin frenos, y con el pie pegado al acelerador.

Bueno, pero sobre lo que no mentirá el bueno de Artur es sobre la necesidad de consultar al pueblo catalán en Referendum, ¿no?. Parece su objetivo vital, el sueño de su infancia. Pues sí,  también miente. Estas son sus declaraciones en el mismo libro entrevista citado anteriormente:

Sigue siendo muy coherente el señor Mas, con sus propias palabras. Parece que al final ha preferido administrar el ruido interior y la descohesión de la sociedad catalana.  Sobre su conciencia quede...

Y por si os parecen pocas mentiras, éste es el idílico estado que nos está intentando vender Artur: ni los catalanes dejarán de pagar peajes, ni los jubilados catalanes volverán a tener los medicamentos gratuitos, ni los trabajadores catalanes volverán a tener derecho a indemnización de 45 días por año trabajado, ni se volverán a jubilar a los 65 años, etc.

Cualquiera diría que la única y verdadera razón de Artur Mas para montar todo este lío sea mantenerse en el poder, y esquivar dos cosas que le pueden hacer mucho daño: el balance de su gestión,  y las investigaciones de corrupción sobre su predecesor, su partido, y su círculo de confianza.

Pero basta de hablar de Artur.  El independentismo no es sólo una persona.

Otro importante actor de esta mala película de terror es el Republicà Oriol Junqueras.  Pertenece a un partido con una incongruencia tan grande como ser de izquierdas (lo pone en sus siglas) y nacionalista. 
¿¿¿Cómo se puede ser nacionalista y de izquierdas???
Vivimos en un mundo con fronteras, que son barreras que clasifican a cada ser humano en una categoría que no podido elegir, que son barreras arbitrarias e imaginarias, y que determinan, en gran medida, las oportunidades de su vida. ¿Cómo alguien de izquierdas puede sentirse orgulloso de que existan estas barreras?
La izquierda defiende que las oportunidades de una persona no deberían estar limitadas por el nivel económico de la familia en la que nace. La redistribución de la riqueza es un objetivo de las personas de izquierdas. Pero, ¿la existencia de fronteras nacionales no resulta una limitación evidente?
Y sin embargo ERC quiere crear nuevas fronteras, y no está de acuerdo con la redistribución de la riqueza. ¿Hay algo más contrario a las ideas de la izquierda? ¿Cómo alguien de izquierdas puede sentirse orgulloso de enarbolar una bandera nacional, orgulloso de ser nacionalista? El nacionalismo establece que nuestras obligaciones con otros seres humanos son muy diferentes dependiendo del lugar donde los otros hayan nacido. Que unos seres humanos son mejores que otros en virtud de su excepcionalidad cultural. ¿Cuál es la excepcionalidad española de la debo sentirme tan orgulloso? ¿Y la excepcionalidad catalana? ¿Y por qué no debo estar de acuerdo con la redistribución de riqueza con los desfavorecidos de Extremadura, pero sí con los de Lleida? ¿Son mejores acaso estos últimos, señor Junqueras?

Y sin embargo, el bueno de Oriol vende el nuevo estado catalán como la solución a todos nuestros problemas, entre ellos la corrupción, porque "Parece que las medidas hasta ahora tomadas no son suficientes, porque cada día conocemos un nuevo caso de corrupción. Falta control y falta castigo", tal y como asegura en esta entrevista.
Para el bueno de Oriol, la corrupción española es mucho más insoportable que la corrupción catalana. Afirma que si él fuera español votaría a Podemos.


Pero entonces, ¿por qué se presenta con CiU, acusada de múltiples casos de corrupción, y no con Podemos? Si la regeneración es ERC, ¿por qué no se presenta ERC?
¿O está pidiendo el voto para una coalición (Catalunya sí que es pot) distinta a con la que usted se presenta?
Uy, uy, uy, señor Junqueras, que creo que se está liando.....

A ver si lo entiendo, como idealista que es, en busca de la ansiada independencia, el bueno de Oriol está convencido de que presentarse a unas elecciones autonómicas en una lista para formar gobierno con uno de sus mayores enemigos políticos es la mejor manera de conseguir permitir al poble català expresarse sobre sobre su más angustiosa duda, la pertenencia o no a Espanya.

Pues eso será ahora en 2015.  Porque hace muy poco afirmaba que unas elecciones autonómicas NO son un referéndum. Son un engaño. 


Él mismo reconocía una de las grandes mentiras de estas elecciones: el sistema proporcional de la ley electoral actual. Eso hace que un voto no cuente lo mismo en un sitio que en otro. En Barcelona (donde menor ansia independentista hay) para conseguir un escaño será necesario que voten más de el doble de personas que en Gerona, donde mayor proporción de independentistas hay.
¡Buen truco! Entonces, ¿cual es el criterio para considerar que "una mayoría del pueblo catalán" quiere la independencia de Cataluña? En un referéndum normal sería exactamente el 50% de los votos más uno. Pero en esta farsa, depende cómo se repartan los votos, bastará con que aproximadamente un 42% de los votos vayan a "listas favorables al procés".
¡Un momento! Pero, ¿hay más de una?. Pues parece que si. En las encuestas se suele contar la suma de la lista "Junts pel Sí", junto con el partido de las CUP, que se presenta por separado, y los de "Catalunya sí que es pot", cercanos a Podemos, juegan al despiste, y no se posicionan claramente sobre lo que van a hacer a partir del día 28...
Con un 42% de los votos, nos podemos encontrar con que estos personajes se vean "legitimados" para proclamar unilateralmente la independencia de Cataluña.



En fin, esto es un despropósito de proporciones monumentales.


Y por si todo esto fuera poco, la cantidad de mentiras sobre cómo sería este proceso de independencia de Cataluña es abrumadora.
Nos dicen a los que estamos en contra que utilizamos el discurso del miedo. Que decimos que con la independencia, Cataluña desaparecería de Europa, y del Euro. Ellos lo niegan. ¿O no?

Depende. En 2015 lo niegan.  En 2012 lo afirmaban ellos mismos.

En fin....

Muchos "indepes" con los que he hablado afirman que NADIE ha dicho que Catalunya saldría de la Unión Europea, y del Euro.  Bueno, pues por si fuera poco lo que ha dicho Artur Mas (y Merkel, y Barroso, y Juncker, y Solana, y Bossi, y...) podéis leer este artículo de Jean-Claude Piris, director General del Servicio Jurídico de la UE de 1998 a 2010. Desde luego no es un don nadie, y tiene criterio suficiente para afirmar cómo se desarrollaría la disputa legal sobre una eventual permanencia de Cataluña en la UE. Los 28 estados miembros deberían aceptar la candidatura de Catalunya por unanimidad.
Vamos a suponer que España no ejerciera su derecho de veto. Aunque es mucho suponer, sabiendo que actualmente el Estado posee más de la mitad de la deuda de la Generalitat, y que puede pensar que si Cataluña se independiza, y tiene que declararse en bancarrota, al no poder financiarse en el mercado, no le pague al estado español esta deuda.
Pero aunque fuera así, como bien dice el señor Piris, "Reino Unido, Francia, Italia, Bélgica... nadie va a arriesgarse a abrir la puerta a un contagio, y provocar problemas políticos internos", ya que estos países también tienen sus regiones nacionalistas, que muy probablemente intentarían iniciar nuevos procesos de secesión.

Pero, ¿cómo que Cataluña no es viable como estado independiente? Si es que sois unos catastrofistas.  Como dice Anna Simó, portavoz de ERC, tan sólo "puede ser que los funcionarios y los pensionistas cobren tarde, pero valdrá la pena".


Amigos funcionarios y pensionistas, tranquilos, que valdrá la pena cobrar a 60 días, si se consigue la ansiada independencia, y llegamos juntos a Ítaca.


Los miembros de este engendro político de lista independentista saben que la única manera de conseguir su objetivo (no la independencia, sino llegar al gobierno de la Generalitat) es ocultar todos estos datos a los catalanes.
Y si no, mirad el último episodio esperpéntico del tema.  El señor Jordi Sánchez, nuevo director de la ANC (llamarlo señor es cortesía, porque es una de las personas más reaccionarias y que más odio rezuma a España que conozco) declaró hace unos días, ya en precampaña, que una Cataluña independiente quedaría fuera de la UE.
No sabemos si fue un lapsus o un ataque de sinceridad, pero inmediatamente recibió tantos palos entre sus propios amiguitos de aventura, que tuvo que rectificar.


La amargada respuesta de este entusiasta promotor de la independencia no puede ser más reveladora.  "Con lo que nos está costando decir tantas mentiras cada día a tanta gente", viene a decir...


Se me quedan muchas otras mentiras fuera de este artículo. Algunas como el famoso (y falso) límite legal de los Länder alemanes en el déficit fiscal, o los famosos 16.000 millones que España "roba" a Cataluña, o cómo ocultan los costes de crear las estructuras del nuevo estado, están bien explicados aquí, por un catalán, que ha sido presidente del Parlamento Europeo.

Pues bien, a pesar de todas estas mentiras, tenemos la oportunidad de iniciar una nueva etapa. Yo animo a todos, aunque estén hartos de todas estas mentiras, y esta confrontación, a votar en estas elecciones. Porque no es cierto que vayamos a votar sobre la independencia de Cataluña. Vamos a votar por un nuevo gobierno. Y esta vez vamos a votar en urnas de verdad. Aunque hayan hecho todas las trampas que hayan podido, aunque la campaña empiece el 11S, aunque la jornada electoral haya sido convocada en un puente, para ver si vota poca gente, aunque la ley electoral sea injusta y los votos no valgan lo mismo. Aunque las reglas del juego no sean justas, hay una oportunidad democrática y legal de cambiar las cosas, echar del poder a los corruptos poner a alguien que les pida explicaciones, y que cumpla la Ley.

Nota final para independentistas: no creo que hayas llegado hasta aquí, pero si es así, y piensas que soy un catalanófobo, te recomiendo que leas mi otro post, Anticatalanismo no es lo mismo que Catalanofobia.

Ser independentista es muy lícito y respetable, pero querer saltarse la ley para conseguir tu objetivo a cualquier precio no lo es. Si algún día se consigue la independencia de Cataluña, será de otra forma.  Desde luego así, no.

viernes, 22 de febrero de 2013

La hamburguesa que me dió una lección



A veces me sorprende la sobreprotección que sufren los chavales hoy en día.  Tienen tan encima a sus padres  en cualquier tipo de situación conflictiva que no consiguen desarrollar unas mínima capacidad de decisión, análisis de los problemas, y en definitiva, madurez.  Y no estoy hablando de bebés, ni de niños pequeños.  Es una actitud que veo cada vez más hacia hijos adolescentes.  Aplazar los problemas a los que se tiene que enfrentar tu hijo no le ayuda en absoluto.  Evitar que se dé un pequeño golpe ahora no le va a evitar las hostias que le va a dar la vida.

Hay situaciones que, aunque no buscadas, le pueden enseñar mucho, pero sólo si ha conseguido salir de entre los brazos sobreprotectores de sus padres.  Como me pasó a mí. 

Cuando tenía 19 años, un primo mío que vive en Estados Unidos se ofreció a acogerme en su casa durante el verano, para que pudiera practicar el inglés.  Fue una experiencia inolvidable en muchos sentidos, pero hay algo de mi estancia allí que me dio una dura pero importante lección.
Al principio todo fue estupendamente, me instalé cómodamente en casa de mi primo, me apunté a unos cursos en la universidad, conocí a gente, y me empecé a encontrar realmente bien allí.  El dinero que me habían proporcionado mis padres había sido calculado para cubrir todos mis gastos, y después de pagar todos los gastos iniciales calculé cual debía ser mi ritmo de gasto para no tener problemas al final de mi estancia.  No tenía para hacer grandes despilfarros, pero pude disfrutar holgadamente de sumergirme en el "American Way of Life".
Pero poco a poco se fue cocinando la desgracia.  Preocupado como estaba en muchas otras cosas, no presté atención a la situación familiar que estaba viviendo mi primo.  Al parecer tenía problemas de pareja con su mujer (poco después ex-mujer) y uno más de ellos era que ella había aceptado a regañadientes acogerme allí.  No recuerdo haber provocado ninguna situación especialmente problemática en casa de mi primo, ni haber sido maleducado ni grosero con ella, pero quién sabe.  Lo más probable (eso lo sé ahora, mucho tiempo después) es que mi presencia no fuera más que una "excusa" más para comenzar destructivas y estúpidas discusiones de pareja.

Fue otra prima mía, la hermana del que me había acogido, la que se dio cuenta de la explosiva situación, y consiguió ponerle solución.  Me encontró, a través de una amiga suya, un piso compartido para el mes que me quedaba de estancia, y me "sugirió" delicadamente esta opción, hasta que me dí cuenta de que no era una buena opción, sino que era la única opción.

La nueva situación no es que fuera peor, estuve también a gusto en esta nueva casa, pero el pago del alquiler había fulminado literalmente mis reservas de dinero.  De un día para otro me encontré sin un puto duro (perdón, quiero decir sin un puto "nickel")

En esos tiempo no tan globalizados, la comunicación no era lo mismo que ahora.  Intenté avisar inmediatamente a mis padres de que me había quedado sin dinero, pero no fue tan fácil.  Cuando finalmente me conseguí comunicar con ellos, mi descripción de la historia no debió dejar suficientemente claro la urgencia de recibir más dinero.  Tampoco la circulación del dinero era como ahora.  Bueno, el caso es que pasé varias semanas esperando que llegara el Séptimo de Caballería con los billetes verdes.  

Estaba sólo.  Prácticamente sin dinero.

Fue la primera vez en mi vida que llegué a pasar hambre.  No quería decirle a nadie en la situación que me encontraba, por vergüenza, pero no tenía dinero ni para comer. Por suerte descubrí enseguida una oferta en un Burger King que me dio la solución: la hamburguesa "Whopper" por 0.99 $ a partir de las cuatro de la tarde.  Durante casi tres semanas seguí el siguiente procedimiento: esperaba durante todo el día, algunos días sin ni siquiera desayunar, hasta las cuatro, y allí mismo devoraba 4 hamburguesas, junto con un vaso de bebida que podía rellenar indefinidamente.  Imposible llenar el estómago más barato. Cuando ya había matado el hambre, me llevaba otras tres o cuatro hamburguesas más, para cenar, y quizás también para desayunar al día siguiente.   Y así un día tras otro, exprimiendo al máximo mis escuálidas reservas de dinero.
Nadie mejor que yo sabía que eso no era en absoluto sano.  Pero qué le iba a hacer.
Tan sólo varié mi "dieta" en un par de ocasiones, una en la que descubrí un buffet libre chino por 4,99 $, y después de comer todo lo que pude me guardé a escondidas, en una bolsa de deporte, unos cuantos rollitos y Wan Tun para la cena; y otra en la que descubrí el increíble poder calorífico que tiene la mantequilla de cacahuetes untada sobre rodajas de mango deshidratado.  Aunque no estaba muy bueno.

Y cuando ya sólo quedaban dos días para mi vuelo de vuelta, llegó finalmente el dinero prometido.  Lo había conseguido.  Había pasado todos esos días prácticamente sin dinero, y sin tener que robar para comer (con la pequeña excepción de los rollitos de primavera, que espero que no sea muy grave).
De nada me servía quejarme de la amarga ironía de que el dinero había llegado justo cuando yo ya me marchaba.  Lo utilicé para comprar unos bonitos regalos para toda la familia, y me volví para España con unas cuantas lecciones aprendidas.  Sobre todo una que ya me quedó marcada para siempre.  En cualquier viaje, más vale tener una reserva de dinero para imprevistos, y poder comprar souvenirs caros al final, que pasar por lo que tuve que pasar yo.

Ni mis padres ni mis primos supieron nunca la aventura que tuve que pasar, y seguro que si la hubieran conocido se habrían sentido culpables.  Culpables de haberme abandonado en esa delicada situación, o de no haber reaccionado a tiempo.  Pero yo recibí una lección que habría sido imposible enseñármela de un modo más efectivo.


Padres, dejad de vez en cuando que vuestros hijos aprendan las cosas por sí mismos, dejadles tropezar, dejadles madurar.


No proclaméis la libertad de volar, sino dad alas.

Miguel de Unamuno.  De su obra "Pensamiento político"

lunes, 19 de noviembre de 2012

Cataluña, sin tí no soy nada



Pasar por separatista en Madrid y españolista en Cataluña es es extenuante. Muchos ciudadanos de Cataluña sabrán de qué hablo: ellos también se sienten a menudo puentes sobre aguas turbulentas. Pero ya se sabe que, en tiempos de guerra, los puentes son los primeros en ser bombardeados por cualquiera de los dos ejércitos
Julia Otero, en ElPeriodico.com

Pues si, la verdad, me ha definido perfectamente.  Esta es la sensación que tenemos a menudo los que estamos entre dos Tierras (como decía la canción de Héroes del Silencio, ese mítico grupo de mi tierra). 

Somos un puente.  

A veces, al escuchar a mis amigos decir barbaridades sobre los catalanes, intento convencerles de que no caigan en la catalanofobia, con lo que a sus ojos me convierte en catalanista; 

y a veces, con mis amigos catalanes, tengo que decir bien alto y claro que a mí la inmersión lingüística me parece un tremendo engaño, lo que me convierte a sus ojos en la extrema derecha españolista.

Y ¿cómo contempla este humilde puente el aumento de tensión que se está produciendo entre Cataluña y el resto de España?  Pues con mucha tristeza.


Una ¿hábil? maniobra política del presidente de la Generalitat nos obliga a todos, queramos o no, a emitir nuestro voto en las próximas elecciones en sentido identitario, en vez de tener en cuenta criterios más lógicos, como la situación económica, o la gestión de la crísis.

Entiendo a muchos de mis amigos catalanes, que cada vez sienten menos lazos de unión con España.

Pero lo que me indigna es que se dejen engañar.  La intoxicación informativa no les permite encontrar la verdad, y sin embargo es bien sencilla.  Sólo hay que buscarla.  Eso si, hay que buscarla de una manera crítica, sin prejuicios previos.

A mis amigos que van a votar este Domingo, les voy a intentar explicar dos conceptos muy sencillos: déficit fiscal, y superávit comercial.


Primero, ¿es cierto que existe el tan famoso déficit fiscal del Estado con Cataluña?

Sobre este tema hay mucho escrito, y no pretendo extenderme mucho.  En el artículo que bajo mi punto de vista mejor lo explica aparece el siguiente gráfico.


El gráfico muestra el efecto redistributivo del sector público en su totalidad (Administración Central, Seguridad Social, Comunidades Autónomas y Corporaciones Locales). En el eje vertical se muestra la renta per cápita de los ciudadanos de cada comunidad, y en el eje horizontal la ganancia o pérdida de renta tras la actuación completa del sector público.
Las conclusiones del estudio son claras.  Salta a la vista la bien conocida evidencia de que solo tres comunidades tienen, en la media, un saldo negativo frente al resto del país: Madrid, Cataluña y Baleares.
Pero lo realmente informativo del gráfico se encuentra en la (lógica) pendiente negativa de la relación entre renta y distribución. La única referencia plausible es, por lo tanto, el trato que una comunidad recibe en relación al trato que reciben las demás.  A la izquierda de la recta de ajuste, las Comunidades que son tratadas injustamente, y a la derecha, las que se ven favorecidas por la redistribución de los impuestos.

Como puede verse, Cataluña (y también Madrid y Baleares) son tratados de forma completamente justa, ya que su posición en el gráfico se encuentra sobre la recta de ajuste. A pesar de que los ciudadanos de Madrid pierden, tras la acción del Sector Público Estatal, un 8% de renta, y los ciudadanos de Cataluña pierden alrededor de un 2%.
Y la conclusión más escandalosa del gráfico: las comunidades señaladas con una flecha azul: Navarra y País Vasco (también Asturias, pero por otras razones). La flecha azul indica la posición que deberían ocupar en el gráfico para considerarlas tratadas de la misma forma que el resto. A pesar de tratarse de la segunda y tercera comunidades más ricas de España, son receptoras netas del conjunto del Sector Público español. La explicación es sencilla: mientras dichas comunidades disfrutan de un régimen foral en el que gestionan internamente los principales impuestos (haciendo una pequeña aportación a la Administración Central), en la única administración que comparten con el resto del Estado (la famosa “caja única” de la Seguridad Social) son receptores netos. Así, mientras Navarra debería aportar el 5% de su renta primaria para que la situación fuese “justa”, recibe en cambio algo más de un 1%; por su parte, el País Vasco debería aportar casi el 4% de su renta… ¡y recibe alrededor del 5%!

Sin entrar en esta injusta aberración política y fiscal, con esta gráfica entiendo algo mejor la insistencia de los políticos catalanes en negociar un "pacto fiscal", lo que supondría desviar a Cataluña hacia la derecha en el gráfico, o incluso un concierto económico, lo que supondría pasar aún más a la derecha, y convertirse en receptora neta de impuestos.

Entiendo perfectamente la aspiración de pagar menos impuestos.  Ahora bien, ¿de verdad es eso justo?  

Como trabajador de clase media, soy consciente de que pago más impuestos de los que luego me beneficio.  Cada mes, en mi  nómina, se retienen varias cantidades, que luego gestionará el gobierno (el que sea) como le parezca conveniente. Es evidente que parte de mi esfuerzo se destina a pagar a otras personas que no están trabajando. Parados y pensionistas son receptores netos, y yo soy donante neto.  ¿Estoy siendo víctima de un expolio fiscal?
Está claro que nadie (bueno, dejemoslo en casi nadie) se atrevería a verlo así; pero, ¿qué pasaría si hubiera una campaña mediática en ese sentido? Si yo recibiera información diaria de manera orquestada, a través de todos los medios posibles, sobre la cantidad de dinero que pierdo, sobre la escandalosa manera en que gastan mis impuestos parados y pensionistas, lo bien que viven gracias a mí, etc, seguramente pensaría de otra manera. Quizás terminaría por estar a favor de políticas dirigidas a reducir ese "expolio", como la reducción drástica del subsidio del paro, la eliminación de derechos de los pensionistas en la Seguridad Social, o incluso la expulsión de inmigrantes en paro (aunque les corresponda el subsidio), o la eutanasia por razones de ahorro.
Cada vez sería menos sensible a la lógica y justa redistribución de la riqueza, incluso terminaría por olvidar que cabe la posibilidad de que yo mismo me quede en paro, o que si llego a viejo tendré mis achaques, y necesitaré beneficiarme del sistema público de salud. El foco de atención está centrado en el dinero que estoy "perdiendo" ahora, y yo sólo veo eso.

Así es como manipulan a la opinión pública catalana.  Centrando el foco de atención en un único punto, y olvidando el resto.


Existe otro potente argumento que compensa los esfuerzos del (innegable) déficit fiscal catalán: el superávit comercial.  

Sobre esto hay también toneladas de información, pero seré muy breve.  En este completo artículo se dan dos datos muy claros:

- durante el año 2011, la economía catalana vendió 22.684 millones de euros más de los que compró al resto de España (superávit comercial)

- Ese mismo año, el déficit fiscal de Cataluña con el Estado asciende a 16.434 millones de euros

Echen cuentas, señores.  Pagar más impuestos, para que las otras regiones de España puedan comprar nuestros productos, sale a cuenta.  Esto es muy fácil de entender, si lo quieres entender, y si te lo explican.  También los ciudadanos alemanes sienten a veces que están siendo tratados injustamente al pagar tantos impuestos, que derrochan los países del Sur de Europa.  Pero su gobierno se encarga de explicarles una y otra vez que esto es imprescindible para aumentar el poder adquisitivo de la población de estos países, y poder exportar productos alemanes al resto de Europa.
Sin embargo en Cataluña no se hace este ejercicio didáctico con la población, más bien al contrario. Y el gobierno central, inexplicablemente, tampoco se encarga de defender este sencillo argumento.

Los sectores más radicales de la derecha nacional, los más ruidosos, se encargan una y otra vez de centrar el debate en la confrontación, dando más y más argumentos a los separatistas catalanes.  Da igual que en realidad sean una parte muy pequeña de la opinión pública española.  Aquí en Cataluña se les da todo el altavoz que necesiten, para completar el otro concepto necesario para reclamar la independencia: que España nos odia.  Como dice el periodista Ignacio Escolar en este estupendo artículo de opinión , "con sus palabras alimentan esa misma ruptura del Estado que dicen querer combatir. Han encendido durante años el odio anticatalán, y ahora, cuando el monte se quema, avivan el fuego todavía más. Si algún día Catalunya consigue la independencia, se habrán ganado a pulso un hueco en el callejero de Barcelona por su enorme ayuda a la nueva nación"

Y con este triste panorama de manipulación informativa nos enfrentamos a las elecciones del próximo Domingo. 

Algunos defensores del proceso de secesión lo definen como un divorcio, en el que el hombre (España), por mucho que esté arrepentido de sus innumerables errores de pareja, ya es demasiado tarde.  Es una forma de verlo.  Utilizando una vez más el arma más potente del nacionalismo: el victimismo, echar la culpa de todo al otro. 

Pero yo me quedo con la reflexión más moderada, más conciliadora, con la que concuerdo completamente: " Cataluña no es a España como una extremidad que puede ser arrancada del cuerpo, y que el cuerpo tenga capacidad para seguir viviendo.  La independencia de Cataluña no significaría sacar a Cataluña de España, sino acabar con España, porque España no tiene sentido sin Cataluña, y no podría sobrevivir sin ella.  Ni España es el problema, ni la Independencia es la solución.  El Estado que necesita y reclama Cataluña para defender sus intereses, es, y tiene que ser, España"


Eso es lo que hay que contarles a los catalanes.  Y no amenazarles con que Cataluña saldría del Euro, de la Unión Europea, aumentaría su deuda, etc.  Eso ya no les asusta.  Como la mujer que tiene tomada la decisión de divorciarse, está preparada para los ataques de furia de su marido.
Si yo fuera ese marido, intentaría calmarme, reconocería que muchas discusiones se han debido a mis propios errores, y utilizaría la famosa letra de otro grupo aragonés, Amaral, y le diría:

Cataluña, sin tí no soy nada