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viernes, 17 de marzo de 2017

Por qué todos los padres somos Darth Vader


No creo que a estas alturas nadie desconozca mi fascinación por Star Wars. Uno de los primeros recuerdos que tengo de mi infancia es cuando mi padre me llevó al cine a ver El Retorno del Jedi. Las imágenes de remotos mundos, extrañas criaturas y llamativos droides me cautivaron para siempre. De hecho, no importaba que hubiera empezado la historia por la mitad (en realidad, es difícil decir exactamente por qué punto de la historia empecé), igual que sigue sin importarlo ahora, cuando un niño se ve de repente inmerso en todo este universo, en aquella galaxia tan tan lejana.

Para mí, igual que para todos los de mi generación, Darth Vader era EL MALO con mayúsculas. Cualquier nuevo personaje que encarne el mal, en cualquier otra película, serie, libro, o lo que sea, se tiene que medir con Darth Vader para posicionarse en el ranking de los malos de todos los tiempos.

Pero entonces, ¿por qué muchos padres elegimos a Darth Vader como figura icónica, como imágen, como modelo?  Es una buena pregunta.  Cada uno tendrá sus razones.  De hecho, como he leído recientemente al papá bloguero Padre en Estéreo, es una terrible idea identificar a Darh Vader como figura paterna, lo que hace aún más misteriosas las razones por las que elegimos al temible Lord Sith para representarnos ante nuestros hijos y ante el mundo.

Después de darle muchas vueltas, y sin ningún orden especial, he conseguido listar una serie de razones que, por lo menos para mí, hacen que nadie mejor que él nos sirva para reivindicar nuestra paternidad.



Nos hemos pasado al Lado Oscuro.
Vemos a los chavales de hoy en día, atontados con sus móviles y juegos online, su obsesión por obtener reconocimiento social online, y las cosas que hacen o que dicen, y estamos convenidos de que nuestra Civilización se está yendo al garete. No nos damos cuenta de que si sustituimos "móviles" por "walkman", "juegos online" por "juegos de rol", "reconocimiento social online" por "ser populares en el insti", etc, podrían ser nuestros propios padres hablando de nosotros cuando eramos unos chavales.  
No, no, no. Los chavales de ahora es que están atontados, con un montón de pájaros en la cabeza, ideas ridículas que no entendemos bien.  Qué narices es eso de la Alianza Rebelde, esos radicales, perroflautas, siempre cuestionando a los que gobiernan, si ellos no tienen ninguna propuesta que tenga ni un mínimo de sentido, qué narices harían ellos si estuvieran gobernando La Galaxia. Yo, Vader, que ya llevo unos cuantos kilómetros, ya he pasado por unas cuantas, yo sí que sé lo que es gobernar.  Cuando vengan mis hijos con todos esas ideas alocadas, demagógicas, irreales, sabré qué decirles. Tengo la sensación de que alguna de esas ideas han pasado por mi cabeza cuando era más joven, pero eso hace una eternidad, y no tiene importancia.  Eso era casi otra persona diferente.  Eso era antes de vestir de negro, y de ponerme este casco. Si alguien me recuerda aquellas épocas y aquellas ideas, creo que negaré que esa persona haya existido.

De repente, tenemos hijos, que van creciendo y volviéndose complicados, y tenemos que reconocer que educar a nuestros hijos es tremendamente complicado. Cuando pensamos en Vader no pensamos en cómo se comporta él como padre con sus hijos, sino lo difícil que es su posición como padre.  Debe sobre todo mantener el rol masculino, de padre, que debe imponer respeto y autoridad (para eso el traje negro y el casco son una gran ayuda), pero interiormente es consciente de sus inmensas debilidades. Y no puede mostrar sus debilidades como padre, ni a sus hijos ni a nadie.  Jamás debe permitirse quitarse el casco en presencia de sus hijos.
Aún así, sus hijos se rebelan, le llevan la contraria, le declaran la guerra, y están continuamente atosigándole, buscando la manera de vencerle, de conseguir lo que ellos quieren, esas estúpidas ideas de niños idealistas, esas ideas irreales, utópicas, equivocadas. Por mucho que él quiera, no entienden cuál es el camino correcto, por mucho que haga el esfuerzo no consigue que entiendan las enseñanzas importantes de la vida. 

Aquí la cosa varía un poco si tienes hijos o hijas (en mi caso sólo hijas), pero las sensaciones, las frustraciones, son las mismas. Esta ilustración, parte de un delicioso cómic de Jeffrey Brown, es un perfecto ejemplo de cómo se siente Vader con su rebelde hija Leia.


Cualquier situación en la que te veas envuelto con un hijo/hija adolescente, puede representarse mediante la relación que tenía Vader con sus hijos. Y eso, amigos padres, reconforta mucho. Si el tipo más duro y poderoso del Universo, no fue capaz de encarrilar a sus hijos, y sólo al final consiguió conectar mínimamente con ellos, pues qué narices podré hacer yo, ¿no?

YO SOY TU PADRE. Siempre tendremos ese momento. En cualquier tema que se nos pueda ocurrir, surgirá inevitablemente el enfrentamiento con nuestro hijo.  A pesar de nuestra intensa lucha para llevarle al lado correcto, no conseguimos nada más que rechazo, y lucha, cada vez más encarnizada. No entiende nada, no entiende el Poder del Lado Oscuro, no entiende lo bien que le irían las cosas si nos hiciera caso, cada vez se encierra más en su propia trampa.
La lucha, como digo, es cada vez más encarnizada.  Al final, nuestro hijo sale mal parado, y mira que se lo advertimos. Parece perdido, acorralado, a punto de caer.  Y llega nuestro momento. 

Alargamos la mano, y le decimos:

"Yo soy tu padre". Puedes contar conmigo. Únete a mí, hijo mío. Yo curaré tus heridas, yo te haré más fuerte. Y juntos, gobernaremos la Galaxia.

En ese momento, haber sido el Malo durante todo ese tiempo, ha merecido la pena. 

Nuestro hijo ve que teníamos razón, y que no hay otra salida.  Lo que dice mi padre, lo que decía mi padre desde el principio, es cierto.

Y....

bueno, en realidad creo que como padres confiaríamos que la escena no terminase como acabó, y que nuestro hijo, en vez de saltar al vacío, nos hiciera caso, se dejara ayudar, y volviera, aunque fuera por un tiempo, a disfrutar de ese lazo tan fuerte y tan difícil de mantener que es el que une al padre y al hijo.

Que no hiciera falta todo un episodio más, con Ewoks, más Estrellas de la Muerte, abueletes verdes exiliados en planetas / residencia de la tercera edad, etc, para que finalmente llegáramos al mismo punto, y nuestro hijo se diera cuenta por fin que todo lo que hace su padre lo hace por su bien, lo hace pensando que es lo mejor para él.

Y que aunque parezca el enemigo, su padre siempre estará a su lado, intentando guiarle, y decidido siempre a sacrificarse por él.

El Vader que nosotros vemos como modelo no es el Vader que le corta la mano a su propio hijo, que congela a su yerno, o que destruye el planeta entero de su propia hija.


El Vader que nosotros queremos ser es el Vader que, enfrentado con su hijo, le acompaña tranquilo a que éste se enfrente con su propio destino.


El Vader que ve sufrir a su hijo, y no puede soportarlo, y se pide para él mismo el sufrimiento que está pasando su hijo, hasta el punto de sacrificarse por él.



El Vader que, por fin, cuando su hijo ve lo que ha hecho por él, decide quitarse el casco, para que pueda ver cómo es en realidad, y demostrarle que también es una persona, que también es frágil, que muchas veces está representando el papel de malo por obligación.


Por estas, y por muchas más razones (seguro que tú puedes encontrar algunas otras), somos muchos los padres que elegimos a Darth Vader para representar con orgullo nuestra condición de padres.

FELIZ DÍA DEL PADRE A TODOS!

miércoles, 4 de febrero de 2015

Lo que nuestros hijos deben aprender de un millonario sin escrúpulos



" ¡Vaya! Pues yo no quiero que mis hijos aprendan nada de un tipo así, prefiero darles otra clase de valores ", estarán pensando muchos de los que hayan llegado hasta aquí. Pues bien, yo creo que siempre se puede aprender algo de cualquier persona. Un millonario sin escrúpulos puede enseñar nuestros hijos conceptos esenciales en su vida, si se elige bien de entre todo su discurso.

Para el que siga leyendo, quizás llevado únicamente por la curiosidad, le voy a presentar a Robert Kiyosaki. Se trata, efectivamente,  de un multimillonario, que se ha hecho a sí mismo, mediante prácticas que muchos calificarían de deshonestas. Y además,  no tiene ningún problema en decirlo él mismo, y describirlo ampliamente en sus libros, muchos de ellos best-sellers internacionales (quizás el más conocido es "Padre Rico, Padre Pobre").

Robert se ha convertido en rico haciendo cosas como crear corporaciones fantasma para evitar el pago de impuestos; especular con la compra-venta de acciones de empresas pequeñas en fase de creación; aprovecharse en la compra de bienes raíces tras el estallido de una burbuja inmobiliaria gracias a su gran capacidad de efectivo; etc.  Y no sólo eso, sino que describe alegremente cada una de estas acciones en sus libros, con toda la naturalidad del mundo.

Y sin embargo, insisto en que este personaje puede ofrecer enseñanzas básicas,  incluso diría que fundamentales, a nuestros hijos.

La primera de esas enseñanzas es saber diferenciar entre un Activo y un Pasivo.
Robert explica muy bien, en su libro antes citado, el proceso de enseñanza para que nuestros hijos (y nosotros, ya de paso) nunca más confundamos un activo con un pasivo. ¿y por qué es tan importante eso? Porque ese conocimiento fundamental puede guiarnos a la hora de tomar las grandes decisiones económicas de nuestra vidas, que todos, incluidos nuestros hijos, deberemos tomar en algún momento. Tomar la decisión correcta en esos momentos puede suponer una gran diferencia en el desarrollo de la futura vida de nuestros hijos, puesto que las grandes decisiones económicas de nuestra vida no suelen tener fácil vuelta atrás.
Como Robert bien dice, buscar en el diccionario la definición de activo o pasivo no nos va a ayudar en absolutamente nada, sino todo lo contrario, sólo servirá para confundirnos irremediablemente.  Si tenemos que explicárselo a nuestros hijos, debemos entenderlo como lo entenderían ellos, de una manera muy sencilla.

Simple, y llanamente:

- Un ACTIVO es algo que mete dinero en tu bolsillo.

-Un PASIVO es algo que saca dinero de tu bolsillo.

Todos los que sepan algo de economía seguramente se escandalizarán de la definición,  pero es completamente válida para la inmensa mayoría de la gente.
Podemos pensar, para ir practicando, ejemplos de uno y otro, tal y como lo harían nuestros hijos. Y cuando se lo expliquemos,  les pediremos que ellos mismos piensen los ejemplos, y les dejaremos tiempo para "digerir" el concepto. Discutiremos con ellos los ejemplos que han pensado, y les pondremos otros.

Una vez realizado este paso, pasaremos a otros dos conceptos fundamentales de la economía personal, que todo el mundo debería conocer, y sin embargo son muy pocos los que conocen: el balance de situación,  y la cuenta de resultados.
Para simplificar al máximo,  y no alargarme, aconsejo o bien la lectura del propio libro  de Kiyosaki, o bien pasarse por mi anterior post "Explicale a tus hijos la crisis, para que no repitan tus errores".
En él se explica brevemente el concepto fundamental que deben aprender nuestros hijos: la diferencia en el comportamiento económico (en cuestión de flujo de caja, o dicho de otro modo en cómo afrontar los gastos mensuales) entre una persona rica, y una pobre. El bueno de Robert hace esa distinción,  un poco burda, entre rico y pobre, y puede que volvamos a pensar que no queremos inculcar en nuestros hijos los comportamientos de las personas ricas, sino todo lo contrario (altruismo en vez de egoismo, conciencia sobre la pobreza en vez de búsqueda de la riqueza, etc).  Pero en realidad una "persona rica" en este sentido es simplemente una persona que toma las decisiones correctas, y sale ganando. Y una "persona pobre" es  la que se equivoca, y sale perdiendo. Puede que nosotros no tengamos como objetivo que nuestros hijos sean ricos, pero como padres indudablemente lo que NO queremos es que se conviertan en pobres.

La otra enseñanza importante que puede ofrecer este multimillonario sin escrúpulos es dirigir todos nuestros esfuerzos en cultivar nuestros activos, y nunca nuestros pasivos.

A lo largo de sus libros, Robert vuelve una y otra vez sobre este tema, con numerosos y razonados ejemplos. Uno de los más discutibles,  pero a la vez más didácticos, es la afirmación de que "tu vivienda no es un activo, sino un pasivo". Otro ejemplo muy didáctico es lo que él llama "la carrera de la rata". Robert da también un listado de lo que él considera activos, y hacia los que hay que dirigir todos los esfuerzos.
Pero la idea fundamental es que para convertirse en rico se tiene que poner al dinero a trabajar. El dinero tiene que trabajar para ti. Y no al revés.

Es decir, poniendo como ejemplo sencillo (espero): considerando los gastos mensuales de una persona con una nómina, y cómo llega esa persona hasta fin de mes, una persona rica actuaría de la siguiente manera: una vez que un Euro entra en su bolsillo (nómina) retrasaría lo máximo posible el momento en el que sale de su bolsillo (gasto, recibos, impuestos, etc). Mientras tanto, se centraría en desarrollar sus activos (siguiendo con el ejemplo, invertiría ese Euro en algo que le diera un beneficio, antes de soltarlo). Esto, que parece muy sencillo, en la práctica puede resultar muy difícil. Pero se trata de entender el concepto. Una persona que siguiera la manera de actuar de un rico, poco a poco podría ahorrar la cantidad de dinero suficiente para pensar en otro tipo de inversiones (buscar activos más interesantes).
Al contrario, una persona que siguiera la manera de actuar de un pobre, recibiría la nómina, y adelantaría todo lo posible el momento en el que sale de su bolsillo (gasto, pago de intereses de deuda, etc), sin considerar ni un momento en invertir ese dinero. Poco a poco tendría más dificultades para llegar a fin de mes, hasta que llegara un momento que tendría que pedir prestado algo dinero para conseguirlo. Estaría cultivando sus pasivos, y llegaría, poco a poco, pero inevitablemente, a pobre.

Así que sí, yo creo que este millonario sin escrúpulos les puede enseñar a nuestros hijos una lección importante, fundamental en sus vidas.  Una lección que, seamos realistas, no se la van a enseñar en la escuela, y que muchos de nosotros tampoco hemos tenido claro durante gran parte de nuestra vida. Una lección que merece la pena aprender, antes de que sea demasiado tarde.



viernes, 19 de septiembre de 2014

No obligues a tus hijos a ordenar su cuarto, no merece la pena


Lo malo de estar en un Universo regido por Leyes, es que nos guste o no, se tienen que cumplir. Se puede intentar luchar con ellas, pero si son Leyes Universales la batalla está perdida.  Como la batalla de intentar que tus hijos ordenen su cuarto.

El cuarto de los niños, los propios niños, y el Universo en general está regido por la entropía. Esta misteriosa magnitud , también conocida vulgarmente como "desorden" es una magnitud física que, mediante cálculo, permite determinar la parte de la energía de cualquier objeto que no puede utilizarse para producir trabajo. La energía inútil, vamos. Como sabéis todos los que tenéis hijos pequeños, este tipo de energía "inútil" es muy elevada para nuestras amadas criaturitas, y necesita ser "quemada" antes de acostarse, para asegurar un descanso plácido (de los padres).

Para entender un poco más a la poderosa entropía, podemos realizarnos preguntas como: "¿Por qué ocurren los sucesos en la Naturaleza de una manera determinada y no de otra manera?". Buscamos una respuesta que indique cuál es el sentido de los sucesos. Por ejemplo, si se ponen en contacto dos trozos de metal con distinta temperatura, se anticipa que finalmente el trozo caliente se enfriará, y el trozo frío se calentará, finalizando en equilibrio térmico. El proceso inverso, el calentamiento del trozo caliente y el enfriamiento del trozo frío es muy improbable que se presente, a pesar de conservar la energía. 
Otro ejemplo doméstico sería el de lanzar un vaso de cristal al suelo: tenderá a romperse ya esparcirse, mientras que jamás conseguiremos que, lanzando trozos de cristal, se construya un vaso por sí solo. Estos sencillos ejemplos muestran procesos en los que ha aumentado la entropía.

La entropía puede también aplicarse a conceptos como el de la energía. El Primer Principio de la Termodinámica, el más conocido, dice que “la energía no se crea ni se destruye, solo se transforma”.

De esa capacidad de transformación de la energía es de donde proviene el concepto de trabajo, que no es más que el aprovechamiento de un aumento de entropía. La energía sólo puede ser convertida en trabajo cuando, dentro del sistema en concreto, la concentración de energía no es uniforme.
Veamos otro ejemplo. Tenemos un embalse de agua situado a una gran altitud. Como la concentración de energía es uniforme, la entropía es máxima. Ahora, abrimos las compuertas de la presa de ese embalse de agua y al hacerlo cambiamos el sistema de referencia, al variar la distribución del agua a ambos lados de la compuerta. El agua fluye entonces con una gran energía gravitatoria y realiza un trabajo al hacer girar una turbina que convertirá esa energía gravitatoria en eléctrica.
Sigamos con la apasionante termodinámica. La tercera ley afirma que "No se puede alcanzar el cero absoluto en un número finito de etapas". 
Introduce el apasionante concepto del cero absoluto, y por qué no se pueden enfriar cosas a 300 grados (Celsius) bajo cero.  Pero eso lo dejo para otro día.
Para lo que nos atañe hoy, puede decirse que al llegar al cero absoluto la entropía alcanza un valor mínimo. El desorden de ese objeto sería mínimo.  Si ese objeto fuera la habitación de nuestros hijos, se alcanzaría el sueño de toda madre: una habitación perfectamente ordenada. Aunque, como se puede deducir fácilmente, llegar a ese estado no sólo es imposible, sino que quedaría una habitación un poco "fría".

Pero lo jodido de la Termodinámica viene con el Segundo Principio, que afirma que "la cantidad de entropía del universo tiende a incrementarse en el tiempo. El universo tiende a distribuir la energía uniformemente; es decir, a maximizar la entropía."

Para entender este principio, y resignarnos a lo evidente, partamos pues de la base de que todas las habitaciones infantiles deben tener cierto desorden. Por otro lado, la entropía global de un sistema es la entropía del sistema considerado más la entropía de los alrededores. 

Si consideramos que ordenar la habitación se trata de un proceso reversible, la variación de entropía del sistema es cero: el orden generado es igual al trabajo realizado. Pero esto sería en una situación ideal, ya que en la realidad el trabajo es en la vida real siempre mayor del estrictamente necesario, ya que hay multitud de pérdidas de energía en cosas que no son estrictamente generar más orden en el sistema.  Mientras los niños ordenan la habitación se despistan, sacan otras cosas, juegan un poco antes de meter cada cosa en su sitio, etc.
Como los procesos reales son siempre irreversibles, siempre aumentará la entropía global. Así como "la energía no puede crearse ni destruirse", la entropía puede crearse pero no destruirse.

Podemos decir entonces que "como el Universo es un sistema aislado, su entropía crece constantemente con el tiempo". Esto marca un sentido a la evolución del mundo físico, que llamamos principio de evolución. Cuando la entropía sea máxima en el Universo, esto es, exista un equilibrio entre todas las temperaturas y presiones, llegará la muerte térmica del Universo. El desorden total, no sólo de la habitación de los niños, sino de todo lo que la rodea.  Y no podemos hacer NADA para evitarlo.  Resignémonos, y dejemos de reñir a nuestros hijos por tener la habitación desordenada.  No es culpa suya. No pueden saltarse el Segundo Principio de la Termodinámica.




P.D: tranquilos, queridos padres, como os habréis imaginado ya, a una conclusión como ésta sólo puede llegarse haciendo unas tremendas simplificaciones, al estilo de "la vaca esférica"

En este caso hemos simplificado el Universo completo, como la habitación de nuestros hijos. Considerar la habitación, o como mucho la casa completa, como un sistema aislado, es tan falso como que una vaca es una esfera, pero puede ayudarnos a comprender conceptos tan difíciles de entender como la entropía, la irreversibilidad, o el cero absoluto. Y puede ayudarnos a comprender por qué es tan difícil conseguir que nuestros hijos ordenen su habitación. 

viernes, 22 de febrero de 2013

La hamburguesa que me dió una lección



A veces me sorprende la sobreprotección que sufren los chavales hoy en día.  Tienen tan encima a sus padres  en cualquier tipo de situación conflictiva que no consiguen desarrollar unas mínima capacidad de decisión, análisis de los problemas, y en definitiva, madurez.  Y no estoy hablando de bebés, ni de niños pequeños.  Es una actitud que veo cada vez más hacia hijos adolescentes.  Aplazar los problemas a los que se tiene que enfrentar tu hijo no le ayuda en absoluto.  Evitar que se dé un pequeño golpe ahora no le va a evitar las hostias que le va a dar la vida.

Hay situaciones que, aunque no buscadas, le pueden enseñar mucho, pero sólo si ha conseguido salir de entre los brazos sobreprotectores de sus padres.  Como me pasó a mí. 

Cuando tenía 19 años, un primo mío que vive en Estados Unidos se ofreció a acogerme en su casa durante el verano, para que pudiera practicar el inglés.  Fue una experiencia inolvidable en muchos sentidos, pero hay algo de mi estancia allí que me dio una dura pero importante lección.
Al principio todo fue estupendamente, me instalé cómodamente en casa de mi primo, me apunté a unos cursos en la universidad, conocí a gente, y me empecé a encontrar realmente bien allí.  El dinero que me habían proporcionado mis padres había sido calculado para cubrir todos mis gastos, y después de pagar todos los gastos iniciales calculé cual debía ser mi ritmo de gasto para no tener problemas al final de mi estancia.  No tenía para hacer grandes despilfarros, pero pude disfrutar holgadamente de sumergirme en el "American Way of Life".
Pero poco a poco se fue cocinando la desgracia.  Preocupado como estaba en muchas otras cosas, no presté atención a la situación familiar que estaba viviendo mi primo.  Al parecer tenía problemas de pareja con su mujer (poco después ex-mujer) y uno más de ellos era que ella había aceptado a regañadientes acogerme allí.  No recuerdo haber provocado ninguna situación especialmente problemática en casa de mi primo, ni haber sido maleducado ni grosero con ella, pero quién sabe.  Lo más probable (eso lo sé ahora, mucho tiempo después) es que mi presencia no fuera más que una "excusa" más para comenzar destructivas y estúpidas discusiones de pareja.

Fue otra prima mía, la hermana del que me había acogido, la que se dio cuenta de la explosiva situación, y consiguió ponerle solución.  Me encontró, a través de una amiga suya, un piso compartido para el mes que me quedaba de estancia, y me "sugirió" delicadamente esta opción, hasta que me dí cuenta de que no era una buena opción, sino que era la única opción.

La nueva situación no es que fuera peor, estuve también a gusto en esta nueva casa, pero el pago del alquiler había fulminado literalmente mis reservas de dinero.  De un día para otro me encontré sin un puto duro (perdón, quiero decir sin un puto "nickel")

En esos tiempo no tan globalizados, la comunicación no era lo mismo que ahora.  Intenté avisar inmediatamente a mis padres de que me había quedado sin dinero, pero no fue tan fácil.  Cuando finalmente me conseguí comunicar con ellos, mi descripción de la historia no debió dejar suficientemente claro la urgencia de recibir más dinero.  Tampoco la circulación del dinero era como ahora.  Bueno, el caso es que pasé varias semanas esperando que llegara el Séptimo de Caballería con los billetes verdes.  

Estaba sólo.  Prácticamente sin dinero.

Fue la primera vez en mi vida que llegué a pasar hambre.  No quería decirle a nadie en la situación que me encontraba, por vergüenza, pero no tenía dinero ni para comer. Por suerte descubrí enseguida una oferta en un Burger King que me dio la solución: la hamburguesa "Whopper" por 0.99 $ a partir de las cuatro de la tarde.  Durante casi tres semanas seguí el siguiente procedimiento: esperaba durante todo el día, algunos días sin ni siquiera desayunar, hasta las cuatro, y allí mismo devoraba 4 hamburguesas, junto con un vaso de bebida que podía rellenar indefinidamente.  Imposible llenar el estómago más barato. Cuando ya había matado el hambre, me llevaba otras tres o cuatro hamburguesas más, para cenar, y quizás también para desayunar al día siguiente.   Y así un día tras otro, exprimiendo al máximo mis escuálidas reservas de dinero.
Nadie mejor que yo sabía que eso no era en absoluto sano.  Pero qué le iba a hacer.
Tan sólo varié mi "dieta" en un par de ocasiones, una en la que descubrí un buffet libre chino por 4,99 $, y después de comer todo lo que pude me guardé a escondidas, en una bolsa de deporte, unos cuantos rollitos y Wan Tun para la cena; y otra en la que descubrí el increíble poder calorífico que tiene la mantequilla de cacahuetes untada sobre rodajas de mango deshidratado.  Aunque no estaba muy bueno.

Y cuando ya sólo quedaban dos días para mi vuelo de vuelta, llegó finalmente el dinero prometido.  Lo había conseguido.  Había pasado todos esos días prácticamente sin dinero, y sin tener que robar para comer (con la pequeña excepción de los rollitos de primavera, que espero que no sea muy grave).
De nada me servía quejarme de la amarga ironía de que el dinero había llegado justo cuando yo ya me marchaba.  Lo utilicé para comprar unos bonitos regalos para toda la familia, y me volví para España con unas cuantas lecciones aprendidas.  Sobre todo una que ya me quedó marcada para siempre.  En cualquier viaje, más vale tener una reserva de dinero para imprevistos, y poder comprar souvenirs caros al final, que pasar por lo que tuve que pasar yo.

Ni mis padres ni mis primos supieron nunca la aventura que tuve que pasar, y seguro que si la hubieran conocido se habrían sentido culpables.  Culpables de haberme abandonado en esa delicada situación, o de no haber reaccionado a tiempo.  Pero yo recibí una lección que habría sido imposible enseñármela de un modo más efectivo.


Padres, dejad de vez en cuando que vuestros hijos aprendan las cosas por sí mismos, dejadles tropezar, dejadles madurar.


No proclaméis la libertad de volar, sino dad alas.

Miguel de Unamuno.  De su obra "Pensamiento político"

jueves, 17 de enero de 2013

Explicale a tus hijos la crisis, para que no repitan tus errores




Una de las mejores formas de entender un problema muy complejo es intentar explicárselo a un niño pequeño.  Descubrir, entre toda la información sobre el tema, lo realmente fundamental, y simplificarlo para que un niño pueda comprenderlo, es un esfuerzo que siempre tiene recompensa.

Por eso no debería darnos miedo que un niño nos preguntara: ¿por qué estamos en crisis?
Sin embargo, esa es una pregunta demasiado difícil para respondersela a un niño.  O quizás no...

La mayoría de las personas tiene problemas financieros porque no conoce la diferencia entre un activo y un pasivo. Se pasan la vida construyendo pasivos, cuando lo que tenían que hacer es construir activos.  Esa es la principal causa de esta crisis.

Pero, un momento.  ¿Cómo voy a explicarle a mi hijo la crisis con unos conceptos tan abstractos? ¡Si eso no se estudia en la escuela!

Nuestro sistema escolar está básicamente diseñado para que nuestros hijos se esfuercen exclusivamente para conseguir un "buen empleo". De manera que los chicos finalizan sus estudios prácticamente sin ningún conocimiento financiero.  Así que la mayoría de nosotros tampoco sabemos la diferencia entre un activo y un pasivo.  Pero conocer esta diferencia es fundamental para que nuestros hijos no vuelvan a caer en los mismos errores que nos han llevado a nosotros a la crítica situación financiera en la que nos encontramos.

Pero, ¿cómo voy a explicarle algo tan aburrido y desconcertante a un niño?  Pues utilizando el principio KISS (Keep It Simple Stupid), "Manténlo sencillo, estúpido". Expresando los conceptos con sencillez, incluso para complicados conceptos financieros. Con dibujos. Sin números.  Así comprenderán el esquema, el movimiento del dinero, y más tarde, si es necesario, ya se añadirán poco a poco los números.  Para entender la crisis no hacen falta números.
Bien, vamos a explicarle a nuestro hijo la diferencia entre un activo y un pasivo.  No intentes buscar las definiciones en el diccionario, no será de gran ayuda.

Simplemente tienen que saber que "los activos ponen dinero en tu bolsillo", y "los pasivos sacan dinero de tu bolsillo". Fácil, sencillo y utilizable.

Si deseas ser pobre o llegar a tener graves problemas económicos, pasa tu vida construyendo pasivos. Si quieres ser rico, o no repetir los errores de tus padres, simplemente pasa tu vida construyendo activos.  No saber la diferencia es lo que ocasiona los problemas financieros en el mundo real.  A las personas, a las familias, a las empresas, incluso a los gobiernos y los países.

Vamos con los dibujos:  empezamos con el activo.


El cuadro superior es una Declaración de Ingreso, también llamado Estado de Pérdidas y Ganancias. Mide los ingresos y los gastos. El dinero que entra y el dinero que sale. El diagrama inferior es la Hoja de Balance. Se le llama así porque se supone que debe equilibrar los activos contra los pasivos. Muchos novatos en las finanzas no conocen la relación entre la Declaración de Ingreso y la Hoja de Balance.Pero en realidad es vital comprender esa relación, incluso para la vida real.
El patrón de flujo de un activo es fácilmente comprensible con este dibujo.  Los activos generan ingresos.

Sigamos con el pasivo:


Igual de fácil de entender.


Resumiendo la lección:

Un activo es algo que pone dinero en mi bolsillo.
Un pasivo es algo que extrae dinero de mi bolsillo.

Esto es en realidad todo lo que necesita saber.  Ahora, dale tiempo a tu hijo tiempo para imaginar ejemplos de activos y pasivos.  Y dedica algo de tiempo a pensar tú también en ello.  ¿es tu casa un activo? ¿o un pasivo? ¿y tu coche?


Bien, ahora analicemos la causa fundamental de la crisis.  Así es como se comporta una persona que tarde o temprano tendrá problemas económicos:


Y así es como se debería comportar una persona que no desea tener problemas económicos:

Obviamente, todos estos diagramas han sido simplificados al extremo. Todos tenemos gastos vitales, la necesidad de alimentos, vivienda y vestido. Pero lo que intentan mostrar los diagramas es el flujo de efectivo a lo largo de la vida, y las diferentes formas de gestionar el dinero. Es el flujo de efectivo lo que cuenta la historia. Es la historia de cómo una persona maneja su dinero, qué hace después de que tiene el dinero en la mano.

El primer diagrama muestra la historia de una persona que no llega a fin de mes.  Los gastos son superiores a los ingresos, y tiene que acudir al banco a pedir algún tipo de préstamo. Con este flujo extra de dinero, consigue igualar los ingresos y los gastos.  Pero el mes siguiente, ha incluido un nuevo pasivo: la devolución de parte de este préstamo, junto con unos intereses.  Acaba de agrandar la columna de pasivo.  Dentro de poco tiempo, a pesar del aumento de ingresos gracias al crédito, la situación inexplicablemente empeorará, y nuevamente será imposible pagar los crecientes gastos. Únicamente se ha pospuesto el problema inicial, haciéndolo ahora más grave, ya que la inyección de dinero inicial se ha acabado, y cuando vuelve a solicitar un nuevo préstamo el banco empieza a ponerle pegas.  Si finalmente accede a concederle un nuevo préstamo, será únicamente con la promesa de pagar más intereses por él.  Después de intentar una y otra vez rellenar el hueco entre ingresos y gastos con la misma solución, llega un momento que el banco no accede a concederle un nuevo crédito, por más intereses que prometas pagarle.  Esta persona ha llegado a una situación de quiebra.  La salida de esta situación va a ser dura, y difícil.

Esta triste historia, simplificada casi como si fuera un cuento, es la que ha sucedido en la realidad, una y otra vez, en todos los niveles imaginables, hasta llegar a la situación actual.  Todos estamos en quiebra.  Igual que la persona del cuento, nuestro país (y algunos otros) está en quiebra.  Y la salida de esta situación será dura, y difícil.

Lógicamente, tú que eres adulto e inteligente, sabes que la situación real es mucho más compleja, y que las causas, la evolución, y las consecuencias, tienen muchos más matices.  Pero seguro que eres capaz de explicarle así la crisis a tus hijos.  

Y cuando lo entiendan, podrás pasar a explicarles el segundo diagrama, el de una persona que en vez de construir pasivos construyó activos, una persona que no sufrió la crisis.  
Una persona rica.


P.D. Gran parte de lo explicado aquí ha sido extraído del libro Padre Rico, Padre Pobre de Robert Kiyosaki.  A pesar de estar escrito por una persona que puede calificarse como un "rico sin escrúpulos" (permítame la insolencia, Sr. Kiyosaki) está lleno de enseñanzas y de consejos muy útiles, para tí y para tus hijos.  El resumen anterior es sólo una pequeña muestra, aplicada a la vida real.

Un buen comienzo, si quieres que tus hijos salgan de la escuela con cimientos financieros sólidos, lo que les será de mucha utilidad en la vida real.