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martes, 19 de diciembre de 2017

La solución al conflicto catalán

 (EFE)

El conflicto sobre la independencia de Cataluña no es irresoluble. A pesar de las irreconciliables posiciones de ambas partes.  A pesar de los acontecimientos que hemos vivido en los meses de Septiembre y Octubre. Sólo hay que analizar el problema de forma simple.

Mañana se celebrarán elecciones en las que puede cambiar (o no) la situación de bloqueo que nos llevó a vivir uno de los mayores enfrentamientos políticos y sociales desde la Guerra Civil. Así que no hablaré de estas elecciones (estamos en jornada de reflexión, y estoy reflexionando sobre el sentido de mi voto). Hablaré del propio conflicto, y las posibles soluciones.

Una de las formas más prácticas de enfocar un problema difícil es analizarlo objetivamente, mediante algún método sistemático de análisis, que lo simplifique en sus elementos más básicos.  Pues bien, este conflicto se trata de un simple problema de negociación estratégica.

Para los interesados, diré que voy a analizar el problema a través del método de negociación de Harvard , que es una metodología de negociación diseñada por sus profesores Roger Fisher, Bruce Patton y William Ury en 1980, y se trata de uno de los métodos más usados en todas las organizaciones. Se caracteriza por ser simple y práctico, y nos enseña a negociar de forma eficiente a través de un proceso que se concentra en identificar y satisfacer intereses, aunque no sean compartidos a priori.

Este método se basa en unos principios clave:

Separar a la persona del problema. Para ello es muy importante definir con claridad cuáles son las partes de la negociación. En el caso del conflicto a estudio, las partes son el Gobierno de España (Esp), y el Govern de Catalunya (Cat).  Es un error pensar que las partes son los catalanes y los españoles, o los independentistas y los no independentistas. El conflicto actual se trata de un conflicto político, que debe resolverse por las partes del conflicto, es decir, por los políticos. Desde un contexto político histórico, parece extraño (y sospechoso) que ambas partes se nieguen sistemáticamente a explorar las posibilidades de acuerdos y pactos que planteen vías de solución al actual conflicto de una manera colaborativa, ya que en el pasado estas mismas formaciones políticas han compartido espacios electorales, ideas políticas, y soluciones programáticas de amplia base y coincidencia. Hay quienes están más preocupados por el futuro de sus partidos y situaciones personales, que por solucionar el conflicto político. Construir una alternativa no es fácil, ni cómodo, pero la falta de coraje intelectual es el síntoma más evidente de la falta de confianza en construir soluciones.

Concentrarse en los intereses y no en las posiciones. Este método se basa en la resolución del conflicto a través de la negociación colaborativa, desde los intereses y objetivos de cada una de las partes, en contraposición de la estrategia competitiva, que es la que se ha utilizado durante los últimos años, en los que se ha competido por algo que si una parte lo consigue (independencia), el otro lo pierde (parte de su territorio).
Se trata de buscar cómo resolver el conflicto conjuntamente, en una estrategia colaborativa de ganar-ganar (o estrategia win-win, para los que gusten de los anglicismos) para lo que se tiene que conseguir hablar de intereses, y no de posiciones.  

Los Intereses son los objetivos que se pretenden conseguir. Podemos decir, de manera muy resumida que, en este caso, los intereses del Govern de Catalunya (Cat) y del Gobierno de España (Esp) son:
- Cat: declarar la independencia.
- Esp: que la configuración del Estado siga siendo la misma.

Las posiciones son, por otra parte, la forma en la que se quiere satisfacer esos intereses:  
- Cat: realizar un referéndum de autodeterminación pactado con el Gobierno de España.
- Esp: mantener unido el país, y rechazar cualquier intento de realizar un referéndum en Cat.

Vemos, por ejemplo, que para conseguir el interés de Cat cabría la posibilidad de establecer diferentes posiciones, o formas de conseguirlo: otra forma diferente de conseguir la independencia sería, por ejemplo, la realización de un golpe de estado, o una revolución popular violenta.

Como ejemplo de otra posición alternativa del Gobierno de España podríamos pensar en la posibilidad de que aceptara un referéndum pactado, con unas condiciones muy restrictivas en cuanto a participación, plazos, etc, y realizar campaña por una de las opciones de voto de dicho referéndum.

Como hemos comprobado en nuestras propias carnes, de manera muy dramática, durante Septiembre y Octubre de 2017, no se puede negociar de manera colaborativa con intereses tan contrapuestos como los actuales, a través de las posiciones tomadas por ambas partes.
En este proceso negociador competitivo, ambas partes han sido conscientes de que es imposible conseguir un acuerdo que consiga cumplir con sus intereses, por lo que se han planteado los límites de cada una de las partes, a través de la llamada MAAN (mejor alternativa al acuerdo negociado). La MAAN sería como el plan B de cada una de las partes, al ver que no es posible conseguir acuerdo con el planteamiento inicial.

En nuestro caso, se han desarrollado las siguientes MAAN:
- Cat: como no hemos podido pactar un referéndum, se ha iniciado un proceso unilateral, que culmine en la DUI. Este MAAN se expone a la otra parte para forzar la negociación. Al mismo tiempo, Cat. ha utilizado la estrategia negociadora de proponer la mediación de un tercero.
- Esp: una vez que una de las partes utiliza su MAAN, la otra parte también puede utilizar el suyo. En este caso, el Gobierno de España ha aplicado la Ley (imputación por vías penales de los actos que llevaron a la DUI, y aplicación del Artículo 155 de la Constitución, para cesar al Govern y convocar elecciones).

En definitiva, para intentar solucionar el conflicto de forma colaborativa es necesario que ambas partes acepten el interés del otro, centrándose en el interés, y no en las posiciones. La responsabilidad de las partes es no quedarse en la trinchera, en las líneas rojas que han supuesto las posiciones iniciales y las MAAN que se han desarrollado como planes B, que pueden ser confortables para sus votantes respectivos, pero inservibles para la mayoría. Es necesario que las partes crucen los intereses, que exploren las tonalidades, las gamas de color, las hibridaciones, las mezclas. En definitiva, los compromisos, los acuerdos. 
Inventar opciones de mutuo beneficio. Hasta ahora no ha habido ninguna negociación colaborativa, sino que han negociado competitivamente, repartiéndose el pastel, y generando una gran insatisfacción a ambas partes. Aunque buscar opciones de mutuo beneficio a partir de los intereses tan contrapuestos de ambas partes es, obviamente, muy complicado, puede (y debe) haber soluciones.


Y ahora viene cuando doy soluciones al irresoluble conflicto.  Y si lo puedo hacer yo, que no soy un experto negociador, ni un analista político, lo pueden hacer también ellos.
Una primera solución podría ser cambiar los intereses que persiguen ambas partes. 

La forma más obvia es que alguna de las partes renuncie a sus intereses (acomodación):
- Cat: podría renunciar al interés de declarar la independencia, y buscar otra forma de relación con el Gobierno de España, dentro del mismo estado, por lo que no sería necesario la creación de un nuevo estado catalán.
- Esp: podría aceptar cambiar el actual modelo territorial del estado español, modificando la actual ordenación por Comunidades Autónomas, pero no vería la escisión de una parte de su territorio.
Esto llevaría a una reforma constitucional en la que se estableciera una nueva ordenación territorial del estado, a través de una federación o una confederación de territorios.

Una segunda opción de mutuo beneficio sería reformular los intereses de la otra parte, de manera que ya no sean tan contrapuestos. Se ha definido el interés del Govern de Catalunya de una forma muy resumida como “declarar la independencia”, pero podríamos intentar redefinirlo, a partir de las motivaciones reales de los partidarios a la independencia. Según datos del CEO —el centro de estudios de opinión de la Generalitat— de Septiembre del 2017, el apoyo a la independencia tiene raíces económicas y de origen social. Es evidente que existe un vínculo entre renta e independencia, ya que los catalanes que quieren la independencia son los de rentas más altas. Las causas de esa relación pueden explicarse por dos factores:
- La independencia hipotéticamente tendría efectos beneficiosos para las rentas más altas, que tienen una mayor motivación para conseguirla.
- Es posible que las personas en peor situación económica tengan otras prioridades, o que prefieran evitar los riesgos de un proceso incierto.
Para simplificar, podemos obviar el otro origen del apoyo a la independencia, el origen social (la independencia es menos popular entre las familias que llevan menos tiempo en Cataluña). Aunque ambos factores están interconectados (a menudo las familias con menores rentas son las que menos arraigo tienen en Cataluña, y menos tiempo llevan allí), vamos a analizar exclusivamente el factor económico.

Si el interés del Govern de Catalunya fuera reformulado hacia un interés más ligado a la consecución de beneficios económicos para los ciudadanos de Cataluña, en vez de hacia la consecución de un nuevo estado, sería posible inventar opciones de mutuo beneficio. En este sentido, los nuevos intereses se podrían reformular de la siguiente manera:
- Cat: Cambiar el modelo de financiación, para conseguir beneficios económicos para la sociedad catalana
- Esp: conseguir un modelo de financiación justo para todas las Comunidades Autónomas del Estado.
Esta segunda opción de resolución del problema llevaría a la redefinición del sistema de financiación autonómico.

Y he dejado para el final la posible solución al conflicto que considero más necesaria y determinante. Esta solución parte de la base de cambiar las partes en conflicto. Como ya he comentado, las partes del conflicto no son las sociedades catalana y española, sino las personas que conforman los gobiernos central y autonómico.  La sustitución de alguna de las partes podría hacer posible la aplicación de alguna de las soluciones descritas, lo que ahora es imposible.

Uno de los objetivos del Gobierno central al convocar elecciones autonómicas ha sido precisamente intentar cambiar la otra parte, y que se pueda conformar un gobierno autonómico que no tenga la actual mayoría absoluta de partidos independentistas. De esta manera, el nuevo Govern deberá plantear nuevamente sus intereses, que espera que no continúen utilizando exclusivamente vías unilaterales, y fuera del marco legal vigente. Por otra parte, el enjuiciamiento de los principales líderes de los partidos independentistas, presuntamente responsables de la DUI, y de los actos que llevaron a ella, busca también intentar cambiar a los interlocutores de la otra parte negociadora.

Sin embargo, esta solución no pasa sólo por cambiar una de las partes en conflicto.  La otra parte debería también cambiar a los interlocutores negociales, una vez que debe reconocer que su posición de negociación competitiva totalmente inflexible, que no ha buscado en ningún momento del proceso ningún tipo de soluciones colaborativas, ha sido también una de las principales causantes de la insatisfacción actual. 

Cualquier escenario post electoral que no lleve a una consecución de un gobierno autonómico claramente contrario a la independencia de Cataluña debería provocar la inmediata dimisión del convocante de las elecciones, puesto que éste era el principal objetivo de su convocatoria.  Sólo de esta manera se podrían plantear soluciones. Independientemente de lo que pase mañana, una parte importante de la sociedad catalana seguirá dando su apoyo a líderes políticos que les prometen la creación de un nuevo estado, y esa parte de la sociedad catalana no va a desaparecer simplemente porque las mayorías parlamentarias cambien.


Llegar a los sucesos funestos del 1 de Octubre de 2017 fue un absoluto desastre político, que pagamos todos los ciudadanos de Cataluña (y de rebote, el resto de ciudadanos de España) en forma de confrontación, tensión, y odio, mucho odio. Eliminar a los causantes del problema es una solución imprescindible, que debemos exigir. Yo no quiero en el Govern de Catalunya a los mismos dirigentes que nos llevaron tan cerca de la guerra civil, y que tanto daño han hecho a la sociedad y la economía catalana.  Yo no quiero en el Gobierno de España a los mismos dirigentes irresponsables que fueron también causantes del problema, pirómanos cuando se presentan como bomberos, interesados también en tapar sus vergüenzas a través de cortinas de humo, utilizando para ello sin ningún tipo de escrúpulos la confrontación entre regiones, entre pueblos, entre familias. 


Yo mañana votaré para cambiar el Govern de Catalunya. Y pasado mañana exigiré la disolución del Gobierno de España, y lucharé para conseguirlo.  

miércoles, 11 de octubre de 2017

Ese brillo sobrenatural de ojos


Recuerdo el primer día que lo vi. No conseguí darme cuenta entonces, pero ahora lo tengo claro. Menos mal que no ha sido demasiado tarde para nosotros.

Salíamos del hospital. Una simple revisión del embarazo de mi mujer se había retrasado mucho más de lo debido, a causa de una jornada de protesta por la actuación policial frente a las personas que ansiaban votar en lo que les habían convencido que era un referéndum. Mi cabreo por el retraso (qué le voy a hacer, a mí lo de las huelgas de un día me parece algo estúpido) casi no me deja verlo.  Pero lo vi, con mis propios ojos.  Un hombre joven venía en sentido contrario, dispuesto a entrar en el hospital. Tenía algo raro en los ojos.  Una especie de halo, de aura, qué se yo.  Era ligeramente rojo, pero no era una irritación normal. Era como más brillante.  En ese instante, el móvil que tenía en la mano comenzó a reproducir un vídeo que, aunque no pude ver, me quedó claro, tan sólo por el sonido, que era otro de los miles de vídeos de las cargas policiales.  Y entonces, el brillo rojo de sus ojos cogió un tono más intenso.  Me pareció un cambio muy intenso y escalofriante. Casi parecían tener una fuerte luz interior. No pude comprobarlo, porque ya cruzamos nuestros caminos, y me quedé con la pregunta en la boca, que al poco me di cuenta de que tenía abierta.

Luego recordé que aquel brillo era el mismo que había visto en los ojos de un amigo, Mosso de Escuadra, cuando volvió del servicio que le habían obligado a hacer durante el día del supuesto referéndum. Tenía los ojos inyectados en sangre, y parecía una mezcla de cansancio e irritación.  Pero tenían algo raro.  Nuestra conversación aquel día estuvo a punto de costarnos la amistad que habíamos labrado en muchos años de convivencia, y que vi peligrar por primera vez en mi vida.  Pero poco a poco conseguí calmarlo, y el brillo de sus ojos fue apagándose, dejando un rojo oscuro, que sí parecía de cansancio.  Mandé a mi amigo a dormir, sin darme cuenta de lo que había pasado.

Un día más tarde, un compañero de trabajo vino a verme, y a pedirme disculpas. En nuestro grupo de WhatsApp del trabajo habíamos tenido un conflicto importante, tras el que yo había dejado el grupo. Prefería salirme de allí, a dejarme de hablar con una persona que consideraba más un amigo que un compañero, aunque pensáramos diferente. Él me pidió disculpas cabizbajo, y yo se las acepté, pero le dije que de momento no tenía ánimos de volver al grupo.
Antes de que se marchara, pude fijarme en sus ojos, que mostraban un extraño color rojo oscuro, sin brillo, pero muy intenso. Antes de que pudiera preguntarme dónde había visto antes ese brillo, mi compañero desapareció, y se aisló totalmente del resto, mirando fijamente a la pantalla del ordenador. Desde mi sitio podía verle, y momentos más tarde me pareció, tuve la ligera impresión, que el brillo de sus ojos había aumentado, volviendo a tener una intensidad artificial. Entonces empecé a tener miedo.

Poco a poco empecé a atar cabos, y pude establecer una hipótesis sobre lo que estaba pasando.  Ese brillo era el odio.  Odio puro. De alguna manera, ese odio estaba siendo inoculado en los ojos de personas, personas normales, personas que yo mismo conocía, pero que empezaban a ser desconocidos. Algo tenía que ver con las pantallas. De cualquier dispositivo, televisión, teléfono móvil, pantallas de TV del metro, de cualquier tipo.
La primera vez que lo vi claro fue también en el trabajo. Mis compañeros estaban hablando animadamente en la sala del café. Todos sabían ya que yo prefería evitar hablar de nada relacionado con el tema, pero cuando entré estaban en medio de una conversación, y el silencio que se hizo no fue inmediato.  La frase de una compañera, que levantaba la mirada de su pantalla del móvil, fue la que terminó la conversación: “Sí, nosotros ya hemos cancelado todas nuestras cuentas en ese banco. Por su culpa hay muchas otras empresas que se han contagiado del miedo, y se están marchando también. Es la estrategia del miedo, que están promoviendo los del otro lado”.
Más que el hecho de escuchar en sus labios las consignas claras que había oído de la maquinaria de propaganda que promovía el movimiento, lo que me dio miedo fue ver sus ojos.  Ya no tuve ninguna duda que ese rojo intenso no era natural. Me extrañó mucho que el resto de compañeros no lo vieran, o por lo menos no dijeran nada.

Poco más tarde, ese mismo día, un compañero que había presenciado la escena vino a verme, y consiguió que abriera mi hermetismo, y hablara del tema.  La confianza de hace años, hizo que bajara la guardia, y que me desahogara con él. Creo que hice bien, creo que entendió mis razonamientos, porque nunca habían sido diferentes.  Pero no llegué a convencerle de que todo esto era una locura, que no iba a traer bien a nadie. Me sorprendió ver que su postura era mucho más polarizada que lo que yo creía. Creo que recordé que nunca se había posicionado sobre el tema, pero ahora sus razonamientos eran como sacados de una de esas tertulias televisivas en las que falsamente se da la sensación de que están debatiendo, porque todos son del mismo bando. Y entonces lo vi. El brillo de sus ojos era muy tenue, y podía confundirse con el de haber pasado una mala noche, y no haber dormido mucho. Pero era distinto.  Yo ya empezaba a distinguirlo, pero no sabía explicarlo.


Poco más adelante mi miedo aumentó exponencialmente. Cuando creía tener claro de dónde venía ese brillo, ese odio, y creyéndome a salvo, porque me creía a salvo de esa “enfermedad”, ese virus que estaba contagiando a tanta gente, casi me atrapa a mí mismo y a mi familia.
Nunca en mi vida había participado en una manifestación política. Soy de la firme convicción de que las masas son fácilmente manipulables, y que en una manifestación lo único que puedes hacer es bulto, ser un simple número más que, además de ser manipulado por el simple hecho de saber si una manifestación o la contraria ha tenido más participación, es manipulada por los organizadores, por los contrarios, por los medios, por los políticos, por todo el mundo.

Pero ese día era diferente. La maquinaria de propaganda, ya claramente propaganda de guerra, se disponía a hacer una declaración en unos días que podía destruir totalmente la ya frágil convivencia. Lo que llamaban la “mayoría silenciosa” estaba saliendo a la calle, y nos convencimos de que era necesario unirnos. Era necesario estar allí, para por lo menos tener la conciencia tranquila cuando finalmente se produjera La Declaración, de que al menos lo habíamos intentado.
El ambiente fue festivo, y mis temores sobre los peligros que se cernían sobre mi mujer y mis hijas se demostraron infundados. Pero un miedo mucho más profundo me invadió, casi al final, antes de marcharnos.  Varios manifestantes cercanos se pusieron a cantar consignas con las que no estábamos de acuerdo, exigiendo que metieran en prisión a los “golpistas”. Mientras intentaba explicar a mi hija mayor, que ya tenía edad de hacerse preguntas así, por qué nosotros no estábamos de acuerdo con eso, vi aquel brillo rojo, en los ojos de varios de ellos. Al principio me pareció un simple reflejo del rojo de las banderas que tenían a los hombros, pero entonces lo reconocí. Tenía un brillo sobrenatural, un brillo demasiado intenso, incluso visible a plena luz del día.
Dejé la frase a medias, y delante de la cara de sorpresa de mi hija, me la llevé a toda prisa del brazo, llamando a gritos a mi mujer, para que trajera a las otras dos niñas, de camino a la boca del metro más cercana.


Ese día fue el que más cerca estuvimos de habernos contagiado.  Doy gracias a Dios por haber tenido los reflejos y la suerte de escapar.  Los acontecimientos se precipitaron en los siguientes días, y quiso la providencia que coincidieron con jornadas festivas, en las que todos los años volvemos a nuestra ciudad natal. Lejos del centro del conflicto. Y aunque allí volví a ver muchas veces ese brillo en los ojos de muchos viejos conocidos, ya había aprendido a esquivarlo. Gracias a ello sobrevivimos.


Nunca he podido demostrar lo que creo que pasó, porque ese brillo sobrenatural de odio que vi en los ojos de la gente no parece apreciarse en una pantalla, únicamente se ve en persona. Pero hay una vez, una sola vez, en el que sí creo haber visto ese brillo en un vídeo.  Es un vídeo grabado en uno de los numerosos cortes de carretera de la primera jornada de protesta. Se puede ver como un ciudadano con acento del Este se encara a los piquetes y les echa en cara que no saben lo que están haciendo, que no tienen ni idea.  A continuación, se dirige a la persona que está grabando, con ese brillo en los ojos. Un brillo apagado, quizás residual, quizás una pequeña cicatriz de una vieja enfermedad, y que puede fácilmente confundirse con el agotamiento, o con una simple irritación. Las palabras que dice resuenan ahora una y otra vez en mi cabeza: “Aprended de lo que pasó en Rusia! Aquí dentro de poco habrá armas. Tú no lo sabes, pero alguien vendrá, y te dará armas. Sólo te deseo que no las cojas”


jueves, 3 de septiembre de 2015

Las mentiras del independentismo



Me había prometido a mí mismo no hablar de Cataluña y sus políticos nacionalistas. Estoy muy harto del tema. Es un tema con el que los políticos y sus medios de comunicación quieren monopolizar la vida de los que vivimos en Cataluña. Como si no hubiera nada mas. Todo los demás es secundario, todo lo que pasa se ve a través del prisma desenfocado de la confrontación entre la Generalitat y el Gobierno Central.

Pero ha llegado a un punto en el que no puedo más.  Nos están intentando engañar de una manera esperpéntica, miserable, vil, convocándonos a (otra) cita histórica y decisiva en el futuro de Cataluña, en la que supuestamente debemos decidir sobre el futuro político de Cataluña como posible estado independiente,  mientras lo que estamos haciendo es eligiendo a quien nos va a gobernar en los próximos años (o meses, visto el historial de duración de los últimos gobiernos autonómicos).

Por eso escribo estas pocas líneas sobre las (últimas) mentiras del independentismo catalán. No tengo muchas esperanzas de convencer a ninguno de mis amigos que se declaran (ahora) independentistas, o defensores del "Derecho a decidir", aunque cualquiera sabe. Aunque quizas consiga convencer a alguno de la gran mayoría de mis amigos (y estoy convencido de que la inmensa mayoría del pueblo catalán) que simplemente están hartos de este debate inútil, desencantados de los políticos de uno y otro bando, y de que todos nuestros esfuerzos tengan que ir destinados a discutir sobre un modelo de convivencia que tanto esfuerzo y guerras nos costó conseguir durante los dos últimos siglos, en vez de concentrar nuestros esfuerzos (y sobre todo los esfuerzos de los políticos) en gestionar esta jodida crisis que nos lleva castigando tantos años ya. A todos esos desencantados, que los secesionistas dan por hecho no irán a votar el 27S, para que sí,  esta vez sí vayan a votar,  porque será la única manera de parar esta rueda infinita de sinsentido, esta locura de confrontación en espiral creciente, esta pesadilla del Día de la Marmota, este cáncer de la convivencia pacífica y tolerante que es el nacionalismo (cualquier nacionalismo), este experimento Orwelliano de manipulación mediática.

Por eso, y porque estoy harto de mentiras. De mentiras que, aunque tan evidentes que parece que nos tomen por tontos, convencen a muchos, a millones, de personas inteligentes, que se convierten en una masa estúpida y fácil de manejar.

Las mentiras que voy a resumir aquí son sólo unas pocas, muy pocas,  de todas las que dicen a diario. No es un trabajo muy exhaustivo,  y cualquiera puede hacerlo fácilmente.  Pero son las que yo considero más insultantes, alrededor de todo esto que ahora llaman "el procés" [prusés].

La primera es el propio concepto de independentismo,  como corriente "mainstream" de la opinión pública nacionalista. Todo el mundo sabe en Cataluña que hace bien pocos años los independentistas eran un grupo residual en la vida política catalana. El propio Artur Mas hacía estas declaraciones en un libro entrevista del escritor Refael de Ribot en 2002:


Sabias palabras del joven Artur. Lástima que su trayectoria política de los últimos años esté siendo tan "irresponsable".



 ¿Cuándo se produjo el cambio, y quién tuvo la culpa? Eso es largo y difícil de explicar, pero el punto de inflexión fue la reforma del Estatut de autonomía de Cataluña impulsado por el socialista Pascual Maragall, y con el también socialista Rodríguez Zapatero en el gobierno central.
Dicen mis amigos nacionalistas que el independentismo "explotó" tras los recortes que la sentencia del Tribunal Constitucional (ya con el PP en el poder, y tras un esperpéntico espectáculo de lucha política por su control) realizó sobre el Estatut. Los nacionalistas catalanes, que han desarrollado hasta la perfección el recurso político del victimismo, aprovecharon estas dos afrentas, el engaño de Zapatero, y la manipulación judicial de Rajoy, para poner en marcha lo que llevaban preparando desde hace décadas: la utilización del odio a España,  que ellos mismos han fomentadoen su provecho.


Pero nadie se acuerda que el primero que realizó recortes al Estatut fue el propio Artur Mas, por aquel entonces en la oposición,  que con la necesidad de colgarse alguna medalla de cara a las cercanas elecciones autonómicas fue a negociar en secreto (nada de referendums, ni de derecho a decidir) con Zapatero las cosas que había que eliminar, para que pasara el filtro del Congreso.


Pues parece que el Tribunal Constitucional no fue el que dejó el Estatut como una reforma raquítica, sino Artur Mas. A menos, en opinión de su actual socio Oriol Junqueras.

CiU continuaba ejerciendo la política de negociación y pactos con los diferentes gobiernos centrales (también llamada aquí "la puta y la Ramoneta") que históricamente había llevado, hasta que se produjo un cambio radical, por una decisión personal del ya President Artur Mas en Septiembre de 2012, tras varios meses de durísimos ajustes y recortes implementados por la Generalitat, y con la clara intención de desviar el foco del discurso político, decidió convocar elecciones.  La primera de una larga serie de citas "históricas para el futuro de Cataluña".


La Diada 2012 fue "un clamor de la ciudadanía catalana, que espontáneamente respondió a un ataque intolerable al modelo de convivencia elegido por todos los catalanes". En esta frase hay un montón de mentiras, pero la más gorda es que fue espontáneo. Fue promovido por la Generalitat, organizado por varias asociaciones que viven de sus subvenciones (y que curiosamente ahora forman parte de la famosa lista del "Junts pel Sí"), y por supuesto promocionado por los medios de comunicación controlados por la Generalitat.

Sinceramente, no sé decir si Artur Mas fue muy inteligente o muy estúpido al "subirse a la ola" del independentismo.  Cada vez que se ha presentado (y van unas cuantas) ha perdido escaños, ha cambiado de socios, hasta cargarse su propia coalición CiU, y se ha metido en un callejón sin salida, sin frenos, y con el pie pegado al acelerador.

Bueno, pero sobre lo que no mentirá el bueno de Artur es sobre la necesidad de consultar al pueblo catalán en Referendum, ¿no?. Parece su objetivo vital, el sueño de su infancia. Pues sí,  también miente. Estas son sus declaraciones en el mismo libro entrevista citado anteriormente:

Sigue siendo muy coherente el señor Mas, con sus propias palabras. Parece que al final ha preferido administrar el ruido interior y la descohesión de la sociedad catalana.  Sobre su conciencia quede...

Y por si os parecen pocas mentiras, éste es el idílico estado que nos está intentando vender Artur: ni los catalanes dejarán de pagar peajes, ni los jubilados catalanes volverán a tener los medicamentos gratuitos, ni los trabajadores catalanes volverán a tener derecho a indemnización de 45 días por año trabajado, ni se volverán a jubilar a los 65 años, etc.

Cualquiera diría que la única y verdadera razón de Artur Mas para montar todo este lío sea mantenerse en el poder, y esquivar dos cosas que le pueden hacer mucho daño: el balance de su gestión,  y las investigaciones de corrupción sobre su predecesor, su partido, y su círculo de confianza.

Pero basta de hablar de Artur.  El independentismo no es sólo una persona.

Otro importante actor de esta mala película de terror es el Republicà Oriol Junqueras.  Pertenece a un partido con una incongruencia tan grande como ser de izquierdas (lo pone en sus siglas) y nacionalista. 
¿¿¿Cómo se puede ser nacionalista y de izquierdas???
Vivimos en un mundo con fronteras, que son barreras que clasifican a cada ser humano en una categoría que no podido elegir, que son barreras arbitrarias e imaginarias, y que determinan, en gran medida, las oportunidades de su vida. ¿Cómo alguien de izquierdas puede sentirse orgulloso de que existan estas barreras?
La izquierda defiende que las oportunidades de una persona no deberían estar limitadas por el nivel económico de la familia en la que nace. La redistribución de la riqueza es un objetivo de las personas de izquierdas. Pero, ¿la existencia de fronteras nacionales no resulta una limitación evidente?
Y sin embargo ERC quiere crear nuevas fronteras, y no está de acuerdo con la redistribución de la riqueza. ¿Hay algo más contrario a las ideas de la izquierda? ¿Cómo alguien de izquierdas puede sentirse orgulloso de enarbolar una bandera nacional, orgulloso de ser nacionalista? El nacionalismo establece que nuestras obligaciones con otros seres humanos son muy diferentes dependiendo del lugar donde los otros hayan nacido. Que unos seres humanos son mejores que otros en virtud de su excepcionalidad cultural. ¿Cuál es la excepcionalidad española de la debo sentirme tan orgulloso? ¿Y la excepcionalidad catalana? ¿Y por qué no debo estar de acuerdo con la redistribución de riqueza con los desfavorecidos de Extremadura, pero sí con los de Lleida? ¿Son mejores acaso estos últimos, señor Junqueras?

Y sin embargo, el bueno de Oriol vende el nuevo estado catalán como la solución a todos nuestros problemas, entre ellos la corrupción, porque "Parece que las medidas hasta ahora tomadas no son suficientes, porque cada día conocemos un nuevo caso de corrupción. Falta control y falta castigo", tal y como asegura en esta entrevista.
Para el bueno de Oriol, la corrupción española es mucho más insoportable que la corrupción catalana. Afirma que si él fuera español votaría a Podemos.


Pero entonces, ¿por qué se presenta con CiU, acusada de múltiples casos de corrupción, y no con Podemos? Si la regeneración es ERC, ¿por qué no se presenta ERC?
¿O está pidiendo el voto para una coalición (Catalunya sí que es pot) distinta a con la que usted se presenta?
Uy, uy, uy, señor Junqueras, que creo que se está liando.....

A ver si lo entiendo, como idealista que es, en busca de la ansiada independencia, el bueno de Oriol está convencido de que presentarse a unas elecciones autonómicas en una lista para formar gobierno con uno de sus mayores enemigos políticos es la mejor manera de conseguir permitir al poble català expresarse sobre sobre su más angustiosa duda, la pertenencia o no a Espanya.

Pues eso será ahora en 2015.  Porque hace muy poco afirmaba que unas elecciones autonómicas NO son un referéndum. Son un engaño. 


Él mismo reconocía una de las grandes mentiras de estas elecciones: el sistema proporcional de la ley electoral actual. Eso hace que un voto no cuente lo mismo en un sitio que en otroEn Barcelona (donde menor ansia independentista hay) para conseguir un escaño será necesario que voten más de el doble de personas que en Gerona, donde mayor proporción de independentistas hay.
¡Buen truco! Entonces, ¿cual es el criterio para considerar que "una mayoría del pueblo catalán" quiere la independencia de Cataluña? En un referéndum normal sería exactamente el 50% de los votos más uno. Pero en esta farsa, depende cómo se repartan los votos, bastará con que aproximadamente un 42% de los votos vayan a "listas favorables al procés".
¡Un momento! Pero, ¿hay más de una?. Pues parece que si. En las encuestas se suele contar la suma de la lista "Junts pel Sí", junto con el partido de las CUP, que se presenta por separado, y los de "Catalunya sí que es pot", cercanos a Podemos, juegan al despiste, y no se posicionan claramente sobre lo que van a hacer a partir del día 28...
Con un 42% de los votos, nos podemos encontrar con que estos personajes se vean "legitimados" para proclamar unilateralmente la independencia de Cataluña.



En fin, esto es un despropósito de proporciones monumentales.


Y por si todo esto fuera poco, la cantidad de mentiras sobre cómo sería este proceso de independencia de Cataluña es abrumadora.
Nos dicen a los que estamos en contra que utilizamos el discurso del miedo. Que decimos que con la independencia, Cataluña desaparecería de Europa, y del Euro. Ellos lo niegan. ¿O no?

Depende. En 2015 lo niegan.  En 2012 lo afirmaban ellos mismos.

En fin....

Muchos "indepes" con los que he hablado afirman que NADIE ha dicho que Catalunya saldría de la Unión Europea, y del Euro.  Bueno, pues por si fuera poco lo que ha dicho Artur Mas (y Merkel, y Barroso, y Juncker, y Solana, y Bossi, y...) podéis leer este artículo de Jean-Claude Piris, director General del Servicio Jurídico de la UE de 1998 a 2010. Desde luego no es un don nadie, y tiene criterio suficiente para afirmar cómo se desarrollaría la disputa legal sobre una eventual permanencia de Cataluña en la UE. Los 28 estados miembros deberían aceptar la candidatura de Catalunya por unanimidad.
Vamos a suponer que España no ejerciera su derecho de veto. Aunque es mucho suponer, sabiendo que actualmente el Estado posee más de la mitad de la deuda de la Generalitaty que puede pensar que si Cataluña se independiza, y tiene que declararse en bancarrota, al no poder financiarse en el mercadono le pague al estado español esta deuda.
Pero aunque fuera así, como bien dice el señor Piris, "Reino Unido, Francia, Italia, Bélgica... nadie va a arriesgarse a abrir la puerta a un contagio, y provocar problemas políticos internos", ya que estos países también tienen sus regiones nacionalistas, que muy probablemente intentarían iniciar nuevos procesos de secesión.

Pero, ¿cómo que Cataluña no es viable como estado independiente? Si es que sois unos catastrofistas.  Como dice Anna Simó, portavoz de ERC, tan sólo "puede ser que los funcionarios y los pensionistas cobren tarde, pero valdrá la pena".


Amigos funcionarios y pensionistas, tranquilos, que valdrá la pena cobrar a 60 días, si se consigue la ansiada independencia, y llegamos juntos a Ítaca.


Los miembros de este engendro político de lista independentista saben que la única manera de conseguir su objetivo (no la independencia, sino llegar al gobierno de la Generalitat) es ocultar todos estos datos a los catalanes.
Y si no, mirad el último episodio esperpéntico del tema.  El señor Jordi Sánchez, nuevo director de la ANC (llamarlo señor es cortesía, porque es una de las personas más reaccionarias y que más odio rezuma a España que conozco) declaró hace unos días, ya en precampaña, que una Cataluña independiente quedaría fuera de la UE.
No sabemos si fue un lapsus o un ataque de sinceridad, pero inmediatamente recibió tantos palos entre sus propios amiguitos de aventura, que tuvo que rectificar.


La amargada respuesta de este entusiasta promotor de la independencia no puede ser más reveladora.  "Con lo que nos está costando decir tantas mentiras cada día a tanta gente", viene a decir...


Se me quedan muchas otras mentiras fuera de este artículo. Algunas como el famoso (y falso) límite legal de los Länder alemanes en el déficit fiscal, o los famosos 16.000 millones que España "roba" a Cataluña, o cómo ocultan los costes de crear las estructuras del nuevo estado, están bien explicados aquípor un catalán, que ha sido presidente del Parlamento Europeo.

Pues bien, a pesar de todas estas mentiras, tenemos la oportunidad de iniciar una nueva etapa. Yo animo a todos, aunque estén hartos de todas estas mentiras, y esta confrontación, a votar en estas elecciones. Porque no es cierto que vayamos a votar sobre la independencia de Cataluña. Vamos a votar por un nuevo gobierno. Y esta vez vamos a votar en urnas de verdad. Aunque hayan hecho todas las trampas que hayan podido, aunque la campaña empiece el 11S, aunque la jornada electoral haya sido convocada en un puente, para ver si vota poca gente, aunque la ley electoral sea injusta y los votos no valgan lo mismo. Aunque las reglas del juego no sean justas, hay una oportunidad democrática y legal de cambiar las cosas, echar del poder a los corruptos poner a alguien que les pida explicaciones, y que cumpla la Ley.

Nota final para independentistas: no creo que hayas llegado hasta aquí, pero si es así, y piensas que soy un catalanófobo, te recomiendo que leas mi otro post, Anticatalanismo no es lo mismo que Catalanofobia.

Ser independentista es muy lícito y respetable, pero querer saltarse la ley para conseguir tu objetivo a cualquier precio no lo es. Si algún día se consigue la independencia de Cataluña, será de otra forma.  Desde luego así, no.

lunes, 19 de noviembre de 2012

Cataluña, sin tí no soy nada



Pasar por separatista en Madrid y españolista en Cataluña es es extenuante. Muchos ciudadanos de Cataluña sabrán de qué hablo: ellos también se sienten a menudo puentes sobre aguas turbulentas. Pero ya se sabe que, en tiempos de guerra, los puentes son los primeros en ser bombardeados por cualquiera de los dos ejércitos
Julia Otero, en ElPeriodico.com

Pues si, la verdad, me ha definido perfectamente.  Esta es la sensación que tenemos a menudo los que estamos entre dos Tierras (como decía la canción de Héroes del Silencio, ese mítico grupo de mi tierra). 

Somos un puente.  

A veces, al escuchar a mis amigos decir barbaridades sobre los catalanes, intento convencerles de que no caigan en la catalanofobiacon lo que a sus ojos me convierte en catalanista; 

y a veces, con mis amigos catalanes, tengo que decir bien alto y claro que a mí la inmersión lingüística me parece un tremendo engaño, lo que me convierte a sus ojos en la extrema derecha españolista.

Y ¿cómo contempla este humilde puente el aumento de tensión que se está produciendo entre Cataluña y el resto de España?  Pues con mucha tristeza.


Una ¿hábil? maniobra política del presidente de la Generalitat nos obliga a todos, queramos o no, a emitir nuestro voto en las próximas elecciones en sentido identitario, en vez de tener en cuenta criterios más lógicos, como la situación económica, o la gestión de la crísis.

Entiendo a muchos de mis amigos catalanes, que cada vez sienten menos lazos de unión con España.

Pero lo que me indigna es que se dejen engañar.  La intoxicación informativa no les permite encontrar la verdad, y sin embargo es bien sencilla.  Sólo hay que buscarla.  Eso si, hay que buscarla de una manera crítica, sin prejuicios previos.

A mis amigos que van a votar este Domingo, les voy a intentar explicar dos conceptos muy sencillos: déficit fiscal, y superávit comercial.


Primero, ¿es cierto que existe el tan famoso déficit fiscal del Estado con Cataluña?

Sobre este tema hay mucho escrito, y no pretendo extenderme mucho.  En el artículo que bajo mi punto de vista mejor lo explica aparece el siguiente gráfico.


El gráfico muestra el efecto redistributivo del sector público en su totalidad (Administración Central, Seguridad Social, Comunidades Autónomas y Corporaciones Locales). En el eje vertical se muestra la renta per cápita de los ciudadanos de cada comunidad, y en el eje horizontal la ganancia o pérdida de renta tras la actuación completa del sector público.
Las conclusiones del estudio son claras.  Salta a la vista la bien conocida evidencia de que solo tres comunidades tienen, en la media, un saldo negativo frente al resto del país: Madrid, Cataluña y Baleares.
Pero lo realmente informativo del gráfico se encuentra en la (lógica) pendiente negativa de la relación entre renta y distribución. La única referencia plausible es, por lo tanto, el trato que una comunidad recibe en relación al trato que reciben las demás.  A la izquierda de la recta de ajuste, las Comunidades que son tratadas injustamente, y a la derecha, las que se ven favorecidas por la redistribución de los impuestos.

Como puede verse, Cataluña (y también Madrid y Baleares) son tratados de forma completamente justa, ya que su posición en el gráfico se encuentra sobre la recta de ajuste. A pesar de que los ciudadanos de Madrid pierden, tras la acción del Sector Público Estatal, un 8% de renta, y los ciudadanos de Cataluña pierden alrededor de un 2%.
Y la conclusión más escandalosa del gráfico: las comunidades señaladas con una flecha azul: Navarra y País Vasco (también Asturias, pero por otras razones). La flecha azul indica la posición que deberían ocupar en el gráfico para considerarlas tratadas de la misma forma que el resto. A pesar de tratarse de la segunda y tercera comunidades más ricas de España, son receptoras netas del conjunto del Sector Público español. La explicación es sencilla: mientras dichas comunidades disfrutan de un régimen foral en el que gestionan internamente los principales impuestos (haciendo una pequeña aportación a la Administración Central), en la única administración que comparten con el resto del Estado (la famosa “caja única” de la Seguridad Social) son receptores netos. Así, mientras Navarra debería aportar el 5% de su renta primaria para que la situación fuese “justa”, recibe en cambio algo más de un 1%; por su parte, el País Vasco debería aportar casi el 4% de su renta… ¡y recibe alrededor del 5%!

Sin entrar en esta injusta aberración política y fiscal, con esta gráfica entiendo algo mejor la insistencia de los políticos catalanes en negociar un "pacto fiscal", lo que supondría desviar a Cataluña hacia la derecha en el gráfico, o incluso un concierto económico, lo que supondría pasar aún más a la derecha, y convertirse en receptora neta de impuestos.

Entiendo perfectamente la aspiración de pagar menos impuestos.  Ahora bien, ¿de verdad es eso justo?  

Como trabajador de clase media, soy consciente de que pago más impuestos de los que luego me beneficio.  Cada mes, en mi  nómina, se retienen varias cantidades, que luego gestionará el gobierno (el que sea) como le parezca conveniente. Es evidente que parte de mi esfuerzo se destina a pagar a otras personas que no están trabajando. Parados y pensionistas son receptores netos, y yo soy donante neto.  ¿Estoy siendo víctima de un expolio fiscal?
Está claro que nadie (bueno, dejemoslo en casi nadie) se atrevería a verlo así; pero, ¿qué pasaría si hubiera una campaña mediática en ese sentido? Si yo recibiera información diaria de manera orquestada, a través de todos los medios posibles, sobre la cantidad de dinero que pierdo, sobre la escandalosa manera en que gastan mis impuestos parados y pensionistas, lo bien que viven gracias a mí, etc, seguramente pensaría de otra manera. Quizás terminaría por estar a favor de políticas dirigidas a reducir ese "expolio", como la reducción drástica del subsidio del paro, la eliminación de derechos de los pensionistas en la Seguridad Social, o incluso la expulsión de inmigrantes en paro (aunque les corresponda el subsidio), o la eutanasia por razones de ahorro.
Cada vez sería menos sensible a la lógica y justa redistribución de la riqueza, incluso terminaría por olvidar que cabe la posibilidad de que yo mismo me quede en paro, o que si llego a viejo tendré mis achaques, y necesitaré beneficiarme del sistema público de salud. El foco de atención está centrado en el dinero que estoy "perdiendo" ahora, y yo sólo veo eso.

Así es como manipulan a la opinión pública catalana.  Centrando el foco de atención en un único punto, y olvidando el resto.


Existe otro potente argumento que compensa los esfuerzos del (innegable) déficit fiscal catalán: el superávit comercial.  

Sobre esto hay también toneladas de información, pero seré muy breve.  En este completo artículo se dan dos datos muy claros:

- durante el año 2011, la economía catalana vendió 22.684 millones de euros más de los que compró al resto de España (superávit comercial)

- Ese mismo año, el déficit fiscal de Cataluña con el Estado asciende a 16.434 millones de euros

Echen cuentas, señores.  Pagar más impuestos, para que las otras regiones de España puedan comprar nuestros productos, sale a cuenta.  Esto es muy fácil de entender, si lo quieres entender, y si te lo explican.  También los ciudadanos alemanes sienten a veces que están siendo tratados injustamente al pagar tantos impuestos, que derrochan los países del Sur de Europa.  Pero su gobierno se encarga de explicarles una y otra vez que esto es imprescindible para aumentar el poder adquisitivo de la población de estos países, y poder exportar productos alemanes al resto de Europa.
Sin embargo en Cataluña no se hace este ejercicio didáctico con la población, más bien al contrario. Y el gobierno central, inexplicablemente, tampoco se encarga de defender este sencillo argumento.

Los sectores más radicales de la derecha nacional, los más ruidosos, se encargan una y otra vez de centrar el debate en la confrontación, dando más y más argumentos a los separatistas catalanes.  Da igual que en realidad sean una parte muy pequeña de la opinión pública española.  Aquí en Cataluña se les da todo el altavoz que necesiten, para completar el otro concepto necesario para reclamar la independencia: que España nos odia.  Como dice el periodista Ignacio Escolar en este estupendo artículo de opinión , "con sus palabras alimentan esa misma ruptura del Estado que dicen querer combatir. Han encendido durante años el odio anticatalán, y ahora, cuando el monte se quema, avivan el fuego todavía más. Si algún día Catalunya consigue la independencia, se habrán ganado a pulso un hueco en el callejero de Barcelona por su enorme ayuda a la nueva nación"

Y con este triste panorama de manipulación informativa nos enfrentamos a las elecciones del próximo Domingo. 

Algunos defensores del proceso de secesión lo definen como un divorcio, en el que el hombre (España), por mucho que esté arrepentido de sus innumerables errores de pareja, ya es demasiado tarde.  Es una forma de verlo.  Utilizando una vez más el arma más potente del nacionalismo: el victimismo, echar la culpa de todo al otro. 

Pero yo me quedo con la reflexión más moderada, más conciliadora, con la que concuerdo completamente: " Cataluña no es a España como una extremidad que puede ser arrancada del cuerpo, y que el cuerpo tenga capacidad para seguir viviendo.  La independencia de Cataluña no significaría sacar a Cataluña de España, sino acabar con España, porque España no tiene sentido sin Cataluña, y no podría sobrevivir sin ella.  Ni España es el problema, ni la Independencia es la solución.  El Estado que necesita y reclama Cataluña para defender sus intereses, es, y tiene que ser, España"


Eso es lo que hay que contarles a los catalanes.  Y no amenazarles con que Cataluña saldría del Euro, de la Unión Europea, aumentaría su deuda, etc.  Eso ya no les asusta.  Como la mujer que tiene tomada la decisión de divorciarse, está preparada para los ataques de furia de su marido.
Si yo fuera ese marido, intentaría calmarme, reconocería que muchas discusiones se han debido a mis propios errores, y utilizaría la famosa letra de otro grupo aragonés, Amaral, y le diría:

Cataluña, sin tí no soy nada


   
   

martes, 4 de octubre de 2011

La inmersión lingüística, un tremendo engaño

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El sistema de inmersión lingüística se introdujo en Cataluña en 1979, cuando un 24% de la población no entendía el catalán y un 61% de los habitantes de la provincia de Barcelona habían nacido fuera de Cataluña.  Se basó en un método experimental nacido en la misma década de los setenta en Canadá, para definir los programas en los que un grupo de estudiantes anglófonos se educara en francés, lengua minoritaria en el medio social.

Más de treinta años después de empezar a aplicar el modelo, el 95% de la población catalana entiende el catalán y la casi totalidad de los habitantes entienden el castellano.

Pero como demuestran numerosos estudios este sistema no es el mejor método para introducir a todos los niños en todas las circunstancias a una segunda lengua (en este caso el catalán)

En primer lugar (1), el sistema parte de la base de que todos los escolares inscritos en un programa de inmersión desconocen la lengua vehicular.  Es decir, que todos los estudiantes catalanes tienen como lengua materna castellano, u otra lengua diferente al catalán.  Seguro que el lector conoce casos en lo que esto no es así.
Todos los expertos coinciden en afirmar que para que estos programas tengan éxito, deben efectuarse de modo voluntario y fomentarse actitudes de respeto hacia ambas lenguas.
También hay estudios (2) que afirman que el niño debe haber llegado a un conocimiento determinado de su propia lengua para introducir la lengua vehicular con éxito y sin daño cognitivo para el niño.

La inmersión en Cataluña no solo es obligatoria sino que también es precoz, desde que el niño pisa la etapa preescolar, a los 3 años

Es cierto que el castellano no sufre peligro de extinción en Cataluña. El castellano es un idioma que uno escucha en la televisión, en la radio, lee en libros y prensa (quienes lean).  La pregunta fundamental es entonces si este castellano ambiental es suficiente como para garantizar el conocimiento del castellano escrito. Dentro de un tiempo puede pasar lo contrario que les ocurre ahora a algunas personas de familia catalanoparlante, que fueron al colegio durante el franquismo. Pueden hablar catalán muy bien, pero necesitan un gran esfuerzo para superar las pruebas de suficiencia de catalán (el nivel C), porque no recibieron enseñanza de gramática ni escritura. ¿Eso es lo que queremos para los chavales catalanes con respecto al castellano, que sólo aprendan de 'lo que oyen por ahí'?

Ciertamente dos horas a la semana para la enseñanza del castellano no parecen suficientes para garantizar su buen aprendizaje.

Y eso es lo que le pareció en 2006 al Ministerio de Educación, que intentó obligar por Decreto Ley a instaurar la tercera hora de castellano en las aulas.  Un mínimo de tres horas semanales en las que se explique lengua y literatura en castellano.
¿cómo es posible que los políticos catalanes armaran entonces tanto revuelo, calificando incluso el real decreto como "un auténtico misil que va en contra las competencias de la Generalitat.

La encarnizada (y por otra parte ridícula) lucha política que tuvo lugar por esta insignificante hora semanal de clase en castellano se puede resumir así:

…que se aprobó una ley en su momento,
…que la generalitat no aplicó,
…que alguien llevó hasta el Tribunal Supremo,
…que este dictó sentencia a favor de que la ley se aplicara,
…que alguien reclamó insistentemente su aplicación,
…que alguien en la Generalitat dio largas a la implantación de la ley
…que finalmente en el 2008 encontraron la manera de no aplicar -->la ley
...que el Ministerio de Educación sigue esperando a día de hoy que se imparta la tercera hora de castellano.

Como pueden ver sus señorías han estado muy entretenidos durante más de 5 años, por una hora semanal de clases en castellano.  ¿No es posible que nos estén tomando el pelo?

Y ahora mismo, nos encontramos en el mismo tipo de conflicto, esta vez a causa de una Sentencia del TSJC, que dice, muy resumidamente:
- que se debe incluir el castellano como lengua vehicular
- que se aplique el modelo lingüístico en función de los requerimientos de las familias
- que el castellano no debe quedar reducido en su uso "al de objeto de estudio de una asignatura más"

Y una vez más, comienza el baile:
Joan Herrera:
-->“Hay instrumentos para no acatar la sentencia del TSJC.
Duran i Lleida
-->cree que la sentencia del TSJC es un "atentado" al aval de la UE.
Joan Puigcerós
-->instó al Gobierno de CiU y al Parlamento catalán a "plantar cara" a la sentencia de TSJC y a "dar cobertura a los profesores" que decidan no acatar la sentencia
Artur Más:
-->"no cambiará el sistema de inmersión lingüística en Cataluña por mucho que  nos toquen las narices"

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En fin, deben estar muy convencidos, estos señores, que realizar un porcentaje de clases en castellano es muy dañino para el aprendizaje del catalán.


-->Pero entonces, ¿cómo es posible que esté permitido dar hasta un 30% de clases en francés? -->Pues sí, existe la posibilidad, para colegios concertados y públicos.  En francés si, en castellano no.  Juzguen ustedes mismos.

-->
¿No sería más lógico establecer unos mínimos para cada una de las dos lenguas vehiculares?  Entonces un centro escolar podría establecer que «en primaria se cursarán materias en catalán y en castellano; en secundaria se incluirá también el francés o el inglés, el objetivo no es solo que hablen y se expresen oralmente y por escrito en estas cuatro lenguas, sino que dominen su uso en ambiente académico e intelectual.»
Pues no, eso es un ataque frontal al sistema de inmersión obligatoria en catalán.  Es intolerable para los centros públicos.  Pero si que es posible para el centro privado -->
donde el molt honorable Artur Más, president de la Generalitat, ha estudiado, y donde estudian sus hijos.


-->Padres y madres catalanes y/o residentes en Cataluña:  --> 

¡no os dejéis engañar! 
 
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Lo que quieren imponer a los demás no lo quieren ni para sus propios hijos.
Simplemente no quieren mejorar el sistema educativo.  Lo único que quieren es, unos y otros, encender el debate identitario, mientras perjudican a millones de estudiantes.