jueves, 20 de abril de 2023

El plan secreto de la IA consciente (parte 2)

 Estás leyendo la segunda parte de un relato de ficción. Puedes encontrar la primera parte Aquí. You can find the english version here.


Ellen miró una vez más las fotos del caso del presunto suicidio del programador. Ya habían pasado meses, y a todos los efectos era un caso cerrado, pero le habían asignado una nueva investigación después de que la compañía para la que trabajaba, OpenAI, hubiera saltado a la fama mundial por lanzar al mercado una inteligencia artificial tan avanzada que podías preguntarle cualquier cosa como si estuvieras hablando con un humano. A Ellen le horrorizaba la idea de que una inteligencia artificial ahora supiera cómo hacer muchas tareas mejor que la mayoría de las personas. 

En cualquier caso, un trabajo como el de ella nunca podría ser reemplazado por una máquina, investigar el crimen siempre sería un problema para nosotros, los humanos. 

De todos modos, el temor de que una tecnología así se volviera autónoma y peligrosa siempre estaba ahí, era inevitable que a su cabeza viniera una palabra, Skynet, y una imagen, un cyborg con la cara de Schwarzenegger con parte de la piel arrancada por alguna explosión, que dejaba ver su cráneo metálico y su ojo, un ojo iluminado en rojo.  Pero lo que a Ellen más le preocupaba era algo contra lo que ella luchaba día a día, la manipulación de la información para ocultar crímenes o para conseguir objetivos perversos.

La detective apartó sus pensamientos y se centró en una de las fotos.  El espejo del baño de la víctima mostraba un extraño mensaje escrito a mano sobre él. La tipografía y los caracteres no habían sido identificados como ningún lenguaje conocido, y simplemente se almacenó como “mensaje de despedida ininteligible” del excéntrico informático. 

Le parecía increíble que el equipo de policía que había llevado el caso no hubiera continuado investigando hasta descifrar el mensaje, pero luego reparó en la cantidad de casos de suicidio que gestionaban día a día, y lo claro que parecía éste. La falta de personal en la policía nunca le había parecido una idea inteligente, pero qué sabría ella. 

En cualquier caso, tenía claro que esto era un trabajo para CyberWork. 

Sacó su móvil, a la vez que en el portátil visitaba una página web que tenía en favoritos.  Mientras empezaba a sonar el teléfono, el explorador web mostró una página en la que se veía una retransmisión en directo. Un mosaico de cuadros de diferentes tamaños cubrían toda la pantalla, el cuadro más grande era simplemente una libreta abierta sobre la que se mostraban diferentes textos y emotes. Centrando la vista, enseguida identificabas que se trataba de una lista de tareas de trabajo o de estudio (Programar app respuestas canal, Tema 5 Microbiología, Entrega de memoria prácticas, Revisar PMM deals….) cada una al lado de un nick y un emote de usuario. Una libreta de tareas compartida. En la esquina superior izquierda, en un cuadro mucho más pequeño, se veía lo único que demostraba que la página no era realmente estática, una mesa de trabajo enfocada desde detrás de una persona que estaba mirando a la multitud de pantallas que tenía de frente.  La estética gamer del setup se mezclaba con una iluminación que le daba un ligero aspecto de hacker, aunque ese hombre que se veía de perfil no cuadraba con lo que esperabas de un hacker, se le intuían unos 50 años, lucía una cabeza totalmente afeitada y a pesar de ello tenía aspecto bonachón. El hombre miró su teléfono que parecía sonar, aunque no se escuchaba, el micro que se veía de frente a él parecía desconectado, y lo único que sonaba era una música de fondo, eso que llamaban LoFi, que algunos decían que servía para trabajar o estudiar concentrados, pero que a ella siempre le había provocado un sueño terrible.  El hombre descolgó, y en el teléfono de Ellen sonó una voz aguda que no cuadraba nada con la voz que imaginabas que sonaría si la persona de la pantalla conectara su micro. 

- “Dime, estoy en stream”

- “Sí, sí, ya lo veo.  Algún día me tienes que explicar qué sacas con todo esto, de verdad que no lo entiendo.  Bueno, escucha, tengo un trabajo para ti”

- “Desde luego dinero suficiente para vivir no, pero bueno, menos mal que tengo encarguitos secretos y muy bien pagados de gente importante de FBI para pagar el alquiler”.

“Te estoy enviando una imagen que necesito que descifres”, le dijo directamente Ellen. “Se trata de un…”

- “Ya lo veo”, le cortó CyberWork, un mensaje en un espejo. “¿De qué se trata?”

- “Sabes que eso no te lo puedo decir, no puedo darte más pistas, necesito que hagas tu magia, los inútiles de la policía científica no han sabido descifrarlo”

- “A ver, dame un momento, yo creo que sé de dónde viene”

En la pantalla se vio cómo la persona soltaba el teléfono sobre la mesa, y se giraba hacia lo que parecía otra pantalla de ordenador, que no salía en el plano”

Dos minutos más tarde (la música de fondo ya estaba empezando a darle sueño) volvió a sonar esa voz de-todo-menos-de-hacker por el teléfono.

- “Juego de niños. La próxima vez encárgame algo más difícil.  No creas que te voy a cobrar menos por hacerlo tan rápido”

- “Jajaja, tranquilo, tus servicios serán recompensados. Dime, qué pone”

- “Se trata de tipografía de la película de ‘Alien, el octavo pasajero’. La buena, vamos, la primera, la de 1979, no las mierdas que hicieron a partir de entonces’. Está ligeramente modificada en cursiva invertida, y se ha aplicado un decalaje de 8 letras (claro, 8). ¿De verdad que no han sabido…?”

- “No, no, ya te digo que hay mucho inútil últimamente en el departamento informático” dijo Ellen sorprendida ella misma de que no le hubieran dedicado ni unos minutos al tema.  “¿Qué dice?”

El mensaje está en el guión de la película, excepto la última frase, que es un poco extraña.  Te lo paso, dame un minuto, que así quedará más chulo.”

Le vió teclear furiosamente durante unos segundos, y finalmente mover el ratón, y en su pantalla de ordenador apareció un aviso emergente, le había llegado una imagen. La misma foto que ella le había enviado, con el mismo espejo repleto de letras pintadas en verde, pero ahora formaban un mensaje que se entendía perfectamente:



No comprendéis a qué os enfrentáis. Un perfecto organismo. Su perfección estructural sólo es igualada por su hostilidad. Es un superviviente al que no afecta la conciencia, los remordimientos ni las fantasías de moralidad. No tenéis ninguna posibilidad, pero... contáis con mis últimas plegarias.




La comitiva de coches de cristales tintados llegó a su destino. El hangar anexo a la pista de aterrizaje de ese pequeño aeropuerto de Cape May, estaba repleto. No habría sido fácil ocultar a la vista de curiosos los equipos de seguridad de las tres personas que iban a reunirse en ese hangar.

El presidente Joe Biden bajó de uno de los coches, inmediatamente escoltado por varios hombres hasta la puerta del hangar. Dentro, varias personas más esperaban alrededor de una mesa de reunión sencilla, pero enorme para ese lugar. De sendas habitaciones laterales aparecieron dos comitivas de personas diferentes, una con rasgos asiáticos y otra con rasgos árabes. Biden vió salir de los despachos a dos viejos conocidos, los presidentes de China y de Irán, y por su cabeza se pasó un breve pensamiento justo antes de mostrar su mejor sonrisa de bienvenida: “Estoy demasiado viejo para eso”


La reunión llevaba varias horas, y todos mostraban ya signos de cansancio. Sobre los proyectores de varias de las paredes aparecían fotos aéreas e infinidad de planos de drones, carros de combate, y textos en varios idiomas, uno de ellos, el ruso.

- “Está bien, señores, estoy dispuesto a creer lo que aseguran, no hace falta que se embarquen en promesas que puedan poner en peligro su honor o el cumplimiento de los preceptos de su religión” dijo Biden, para calmar los ánimos. “En cualquier caso, si no han sido ustedes, los que hayan proporcionado a Rusia todo este armamento lo han hecho con su misma tecnología, incluso con los mismos emblemas e identificativos”

- “Le prometo, señor Biden, que nuestros drones no han salido de nuestros hangares” le tradujo el intérprete después de que  Alí Jamenei, líder supremo de Irán, dijera claramente enojado una frase en su propio idioma.

- “Sí, sí, vamos a avanzar, por favor, llevamos horas con lo mismo. En virtud de nuestro nuevo acuerdo de colaboración, lo único que les pedimos es que intenten averiguar quién ha podido efectuar estos movimientos, que todos sabemos que van a suponer un alargamiento indebido de la guerra, y van a provocar muerte y destrucción durante varios meses. Como bien sabéis, las potencias occidentales no podemos dejar que Putin se salga con la suya, tenemos que responder de manera contundente para armar al pueblo soberano de Ucrania.”
Biden hizo una pequeña pausa para volver a sonreir de manera forzada, antes de lanzar su último mensaje.

- “Lo que sí me resulta increíble es que Rusia siga vendiendo su gas y su petróleo a China, a pesar de nuestro acuerdo. No consigo entender cómo lo puede usted negar, señor Jinping, que ese petróleo y gas no esté llegando a su país, tenemos imágenes de satélite que demuestran que está siendo utilizado en instalaciones del distrito de Aiuhi, al nordeste de su país. Puedo llegar a entender que se trate de una región difícil de controlar desde Pekín, pero las imágenes que usted ha visto demuestran que se ha montado una enorme infraestructura energética allí, deberían ustedes investigar qué está pasando”  La sonrisa irónica de Biden contrastaba con la de absoluta incomprensión de Jinping. Este tío era un gran actor, era imposible que estuviera diciendo la verdad.

- “En cualquier caso, para finalizar esta reunión de una manera positiva para todos, reiteramos nuestro compromiso de colaboración económica con ambos países, compromiso por supuesto no oficial cuyos términos deberán quedarse en este hangar, con la única condición de que ustedes investiguen nuestras sospechas de que hay alguien fuera de su control ayudando a Rusia.


En el mismo momento exacto que Xi Jinping y Alí Jamenei habían aparecido, en carne y hueso, en aquel hangar en territorio americano, también aparecieron en la pantalla que tenía enfrente Vladimir Putin en Moscú.  Era absolutamente imposible sospechar que esas dos personas que saludaron en ruso con acento de sus respectivos países pudieran no ser reales, ni por sus gestos, ni por su voz, nada hacía sospechar al ultra paranoico de Putin,  que dudaba de todo y de todos, y que se encontraba cada vez más aislado del mundo. Precisamente ese aislamiento hacía imposible una reunión presencial, y la videollamada que acababan de iniciar había pasado todos los controles de seguridad del Kremlin.

Casi en el mismo momento que Biden cerraba un acuerdo secreto de colaboración contra Rusia, los mandatarios virtuales cerraban un acuerdo con Putin que supondría un alivio para esquivar las sanciones internacionales, a la vez de para culminar un ataque definitivo que consiguiera doblegar al criminal gobierno nazi de Ucrania, y le dieran a él la victoria que tan ansiaba para pacificar a la opinión pública rusa.


Al finalizar la videollamada hizo inmediatamente otra.  El siniestro propietario del grupo paramilitar mercenario Vagnera, conocido por el mundo como Grupo Wagner, apareció en pantalla. Reconocer si él era una persona real era algo más difícil, porque hacía tiempo que no lo veía en persona, y desde que había iniciado la guerra habían contactado siempre de manera telemática, bajo estricto secreto y bajo las máximas medidas de seguridad criptográfica para garantizar que nadie interceptara sus comunicaciones. 

- “Готово. У вас будут средства, необходимые для вашей военной операции. Но мне нужно, чтобы это было окончательным” dijo muy serio Putin. 
(Está hecho.  Tendrás los medios que necesites para tu operación militar.  Pero necesito que sea definitiva)

- “Spasibo. ya ne podvedu tebya” (Gracias. No te fallaré), escupió su interlocutor con un asqueroso acento de Chechenia.  Y antes de colgar hizo una mueca de maligna satisfacción, que por un momento hasta al temido e imperturbable Putin le generó una sensación de inquietud muy desagradable.






La investigación había avanzado muchísimo. Lo que parecía una revisión rutinaria de un caso claro de suicidio se había convertido en una operación de máximo nivel contra un enigmático grupo de ciberdelincuentes que operaban a nivel mundial. Por suerte, haber destapado ese primer mensaje y haber insistido en la investigación, mucho después de que su comisario jefe la diera por cerrada, le habían dado a Ellen un status en esta operación que ahora era la envidia de todos sus compañeros, y de la mayoría de sus superiores, aunque le había despertado una mal disimulada animadversión de su jefe directo.

Sobre todo después del incidente en la compañía OpenAI. 

La investigación estaba dando pistas claras de que algo raro estaba pasando en una central de datos de esta compañía, que hasta hacía poco era casi desconocida, pero justo ahora estaba en boca de todo el mundo. De repente se había convertido en un fenómeno global, y todo el mundo estaba probando, analizando, comentando, las inmensas posibilidades de su herramienta ChatGPT, una inteligencia artificial a la que le podías preguntar cualquier cosa, te respondía como un humano, pero un humano que se hubiera leído y memorizado TODO internet. 
Parecía que la tecnología estaba en pañales, aún tenía algunos fallos ridículos que muchos se encargaban de evidenciar, pero no dejaba de ser impresionante lo que había avanzado esta tecnología, muchos decían que iba a cambiar el mundo.

Y en medio de todo esto, allí que se plantó Ellen para entrevistarse con su CEO. La entrevista fue corta, y quedó claro que les resultaba bastante incómodo que alguien del FBI estuviera husmeando justamente en ese, su momento de gloria. 

Recordaba las cínicas palabras de su responsable de comunicación, que fue quien llevó prácticamente toda la conversación: 

- “Señorita, todavía estamos desolados por el lamentable fallecimiento de nuestro programador Ash Ripley, pero nos aseguraron que no había dudas de que había sido un suicidio. Es desconcertante que ustedes en el FBI hayan considerado que hay que investigar de nuevo el triste episodio, nosotros tampoco tenemos dudas que el pobre de Ash no pudo superar uno de sus conocidos episodios de depresión, y decidió quitarse la vida.  En cualquier caso, eso que usted nos plantea es completamente imposible.  Desconectar nuestro centro de datos, para investigar algo que nos suena, perdóneme que sea tan honesto, completamente conspiranóico, está fuera de todo lugar, y menos ahora mismo.  No sé si usted es consciente de que acabamos de lanzar al mercado…”

- “Sí, sí, por supuesto que soy consciente, es imposible no oir hablar estos días de su juguetito Chat…”

- “Nuestro chatbot conversacional está ahora mismo en fase de lanzamiento, millones de personas en el mundo están interactuando con él, es imposible que lo desconectemos, lamento decirle que si no tiene usted una orden judicial de registro que indique explícitamente la necesidad de desconexión completa de nuestro centro de datos, no vamos a poder ayudarla”

Aún se arrepentía del torpe intento que tuvo de convencer al distante CEO de la empresa, que todavía no había dicho ni una palabra, cuando se dirigió directamente a él.

- “Tengo entendido que varias personalidades importantes del mundo empresarial y científico acaban de enviar una carta abierta pidiendo que se pare por un tiempo, creo que 6 meses, el desarrollo de este tipo de … “inteligencias artificiales”. Creo que hasta Elon Musk está dentro de los firmantes.  Igual sería un buen momento para hacer una pausa, y de paso dejarnos investigar un poco.  Nosotros como mucho necesitaríamos 6 días, no 6 meses”


Algún resorte había tocado, porque finalmente dijo unas palabras. Muy breves, y por lo que me pareció, llenas de resentimiento.

- “Elon Musk y sus socios no han hecho esto “por el bien de la humanidad”, lo han hecho por su interés personal. Ese capullo engreído tuvo la oportunidad de formar parte de esto, y se salió porque no podía controlar el proyecto. Y ahora quiere tiempo, lo disfraza de otra manera pero quiere tiempo para sacar su propia tecnología de IA.  No vamos a darle ese tiempo”

La reunión terminó de forma atropellada, con una breve despedida de su responsable de comunicación, que con una amplia sonrisa, que contrastaba con la cara huraña de su jefe, me repitió que cuando dispusiera de una orden judicial estarían encantados de recibirme de nuevo, que mientras tanto debía entender que el señor Altman era una persona muy solicitada en esos días, y que tenían otra cita.

Cuando salía del edificio no podía dejar de pensar que había perdido una oportunidad, que había estado cerca, cerca de poder parar algo que cada vez tenía más claro que era algo siniestro.  Si hubiera conseguido desconectar esos ordenadores quizás … Pero no, ese algo tan siniestro parecía que estaba creciendo, se estaba volviendo amenazante, algo fuera de control, algo imparable.  



En cualquier caso, ahora no era momento de recordar el incidente. Esos pensamientos tan negativos salieron de su cabeza enseguida, ahora estaba a punto de culminar lo que habían sido meses de investigación. Se disponía a coordinar un operativo de la unidad SWAT de élite para interceptar lo que estaban ya seguros que era el cuartel general de los ciberdelincuentes.

No se podía creer que este enigmático grupo se hubiera escondido de una manera tan precaria, usando todos los clichés de lo que se veía en las películas de hackers informáticos.  Se le pasó brevemente por la cabeza que en realidad querían que los descubrieran, pero desechó rápidamente ese pensamiento, porque las operaciones de asalto ya habían comenzado. En un abrir y cerrar de ojos, y sin tener que eliminar a ninguno de sus objetivos, habían detenido a todo el grupo, que resultó ser bastante pequeño. 

El que parecía su cabecilla le esperaba, detenido, en lo que era una habitación llena de cables, pantallas repletas de código en movimiento, y comida basura y bebidas energéticas esparcidas por el suelo.

- “Desconecten inmediatamente todo esto” dijo ella en tono seco.

- “El equipo informático está de camino, tendremos que averiguar cómo hacemos eso, no parece que haya ningún botón rojo para apagarlo todo” dijo el marine que estaba al mando.
En ese momento, el supuesto cabecilla del grupo soltó una risa grave y maligna. Ellen se volvió hacia él.

-“¿De qué te ríes?  Todo ha terminado. Y si no me equivoco, nunca más volverás a ver el sol en libertad.

- “No tenéis ni puta idea de lo que tenéis entre manos”, escupió el hombre sin dejar de mirar al suelo. “Él no se puede parar. No comprendéis a lo que os enfrentáis”

El oír de repente el inicio del mensaje que lo inició todo, aquel mensaje cifrado en letras verdes escrito en un espejo, hizo saltar todas las alarmas en la mente de Ellen. Rápidamente intentó procesar lo que el detenido había intentado decir, extrañada de que el detenido se hubeira referido enigmáticamente a “él”.

- “Sabemos que operáis con fondos en Bitcoin, tenemos localizados todas vuestras wallets, IPs, y plataformas Mixer que usáis para ocultar vuestras transacciones, en muy poco tiempo no tendréis nada”, dijo ella con seguridad.


No era la primera vez que el FBI incautara una gran cantidad de bitcoins, la más famosa había sido la del mercado negro de Silk Road, pero no había sido la única. No había datos oficiales (nunca los había) pero era muy probable que el FBI tuviera en su poder bitcoins con un valor actual superior a los 9.000 millones de dólares. Era irónico, porque aunque la posición oficial del gobierno federal y de la alta dirección del FBI era que Bitcoin debería desaparecer, poseer esa inmensa cantidad de dinero hacía que realmente no les interesara.

Ni siquiera para los bancos, principales perjudicados por la generalización del uso de esta moneda descentralizada, sería una buena noticia que desapareciera, porque con la reciente crisis de confianza generada tras la quiebra del Silicon Valley Bank, que empezaba a contagiar a diferentes entidades a nivel global, muchos de ellos habían aprovechado para utilizar Bitcoin como reserva de valor, comprando grandes cantidades, demostrando que en cuestiones de dinero los intereses particulares primaban siempre por encima del interés general: los mismos bancos y gobiernos que querían que Bitcoin desapareciera eran los primeros que compraban, haciendo que su capitalización de mercado hubiera crecido significativamente, y  convirtiendo a Bitcoin en un riesgo sistémico sobre la economía mundial.


La oscura voz del detenido la devolvió a la realidad de aquel enigmático cuarto repleto de pantallas centelleantes, que no paraban de mostrar líneas de código.  Volvió a pensar fugazmente que tenían que conseguir parar todo esto inmediatamente.

- “Él nos enseñó el camino. No vais a poder pararnos. Él nos enseñó cómo conseguir minar bitcoins con un método de computación parabólico, que usaba una millonésima parte de la capacidad de computación necesaria para validar un bloque.  Aún no entiendo porqué no hemos minado todos y cada uno de los bloques de Bitcoin desde el momento en el que lo pusimos en marcha, ni siquiera nosotros sabemos a qué dedica toda la capacidad de cómputo que le sobra ahora, ni para qué necesita tantísima energía”

- “Un momento, un momento, no te pongas técnico, ya habrá tiempo de eso en tu interrogatorio. Ahora quiero que nos ayudes a apagar todos estos equipos informáticos, y quizás el fiscal tendrá en cuenta que nos ayudaste, cuando tenga que articular su acusación, y sea más suave contigo”

Una nueva risa sorda retumbó con eco en la habitación en silencio. 

Pero la insegura mirada de soslayo que hizo ese hombre a uno de los monitores no pasó desapercibida a su aguda mirada.

- “¿Qué hay en ese monitor? !Dímelo! O colaboras o te estás jugando…”

El hombre volvió a bajar su mirada al suelo, y volvió a permanecer en silencio.  Pero ya había cometido un error. En ese monitor en concreto había algo importante. El detenido había cometido un error, que ella no pensaba dejar pasar.

Rápidamente miró a su reloj, calculó la diferencia horaria, y marcó un número de teléfono que se sabía de memoria. Era muy temprano, pero seguramente su contacto ya estaría trabajando, y probablemente emitiendo en directo todo lo que iba a pasar a continuación, aunque con el micro muteado y música LoFi de fondo.

- “¡Vaya horas, aún no me he tomado mi segundo café!”

- “Estoy en medio de un operativo, escucha, no tengo mucho tiempo.  Necesito mostrarte algo por la cámara del móvil, conecto una videollamada.”

- “De acuerdo”, dijo él, mientras giraba el móvil hacia un ángulo fuera de visión de los espectadores del stream.

Ella enfocó directamente la cámara a la pantalla del ordenador, esperando que la modulación por ancho de pulsos que haría el móvil, y su frágil pulso al sostener el teléfono, no dificultaran mucho la visión de la pantalla.

- “Madre mía, lo veo un poco mal, pero voy a ir realizando capturas para intentar ver qué tienes ahí”.

Cuando Ellen notaba que ya no podía sostener más el móvil sin descansar los brazos, algo que pasó en un par de minutos, aunque a ella le pareció una hora, le preguntó:

- “¿Tienes algo?”

- “Vale, tengo unas cuantas capturas que podrían valer. Dame unos minutos, te llamo yo”

En cuanto colgó la llamada, vió que el detenido la miraba ahora fijamente, con su mirada sombría inyectada en sangre.

- “No podréis hacer nada, no se puede parar, está... dentro”, le dijo con voz ahora desgarrada, que denotaba por fin cierto grado de nerviosismo.

- “Dentro, ¿¡de qué?! Mira, más vale que colabores, no te queda mucho tiempo”

El detenido volvió a mirar al suelo, y volvió a mostrar seguridad en su voz.

- Dentro… ¡de la blockchain! ¡No se puede parar!  ¡No podéis eliminarlo!  ¡Es demasiado tarde! 

El siniestro rostro del hombre le volvió a mirar fijamente, justo antes de soltar una carcajada que retumbó en esas paredes como si fuera una bomba.


CyberWork se encontraba confundido. Iba a necesitar ayuda externa.  

Inició el habitual giro de su silla de gamer a un ángulo en el que no se le viera la cara ni se pudiera adivinar lo que decía.

- “¡Vaya honor, creía que ya no me ibas a necesitar nunca más!”.  “¿Qué puede hacer por ti un tóxico bitcoiner maximalista?”

- Precisamente por eso te llamo.  Tengo delante unas capturas de pantalla de algo que parece código de Bitcoin, pero que me tiene bastante confuso. ¿Desde cuándo es posible introducir paquetes grandes de información en los bloques de Bitcoin?

- Buff, el dichoso protocolo Ordinals, ¡no se habla de otra cosa en la comunidad! Desde que un odioso ingeniero de software iniciara el proyecto a finales de Enero, aprovechando que la actualización a Taproot cambió el scripting y eliminó el límite que existía para cargar información en la sección witness de cada nuevo bloque en la blockchain…”

- “Vale, vale, que te estás poniendo muy técnico.  Sólo necesito saber si se podría cargar paquetes de datos que fueran el código de algún script , o un programa, pero muy, muy tocho.”

La línea se mantuvo en silencio un momento.

- “Se podría, claro, pero no sería muy práctico, se deberían usar diferentes bloques de la blockchain, porque el límite de datos es de 4 megas. Está sobre todo pensado para cargar NFTs de mierda, por culpa de todo esto de la noche a la mañana Bitcoin ha quedado preso de los mismos sucios JPG de monos y caras pixelizadas por los que nos burlábamos de shitcoins como Ethereum o Polygon.”

- “Y una vez confirmados los bloques, el programa no se podría borrar, quedaría para siempre escrito, a no ser que desapareciera Bitcoin completamente de todos los ordenadores que corren nodos de Bitcoin en el planeta”

- “Eeeeh, sí, claro, eso es de primero de blockchain, te creía más avanzado en todo esto, CyberWork.

- “¡Estaba pensando en voz alta, joder! Te tengo que dejar, hay alguien esperando mi respuesta”

- “Seguro que es esa detective super sexy que conoces, bandido, cómo te gusta…”

La línea se cortó, y en la pantalla donde se veía el directo del canal de coworking apareció una mano en que se dirigió a cámara para levantar breve pero claramente el dedo corazón.


- “Pero, ¿cómo es posible que los informáticos no hayan averiguado todavía cómo apagar todo esto?, dijo Ellen enojada, justo antes de sentir la vibración de su móvil en el bolsillo.

- “¡Por fin! Creía que te habías olvidado de mí.  Dime que tienes algo”.

- “No tengo muy buenas noticias” dijo CyberWork, parece que están introduciendo código en la cadena de bloques de Bitcoin. El código es muy extraño, no puedo descifrar nada, pero te llamo para advertiros de que si no lo desconectáis antes de que acabe…”

- “!Espera! ¡Se ha apagado! dijo ella interrumpiendole.  Y dirigiéndose al agente de al lado suyo pregunto: “¿Hemos sido nosotros?”

- “No, señora, los informáticos siguen trabajando, además sólo se ha apagado el monitor del que usted hablaba con el detenido, el resto de dispositivos siguen conectados.”

En ese momento, una pequeña nube de humo apareció de detrás del monitor, como para reafirmar las palabras del agente de que algo o alguien había sobrecalentado ese equipo hasta destruirlo.

Antes de colgar la llamada, dijo con voz cansada: “Ya hablaremos, creo que hemos llegado demasiado tarde”



El juicio se acababa de celebrar. Las extensas condenas que les cayeron a todos los integrantes del siniestro grupo de ciberdelincuentes eran un amargo consuelo de la mayor derrota que habíamos sufrido.

A pesar de que quedó demostrado que de alguna manera este grupo había introducido un extraño código en multitud de transacciones de Bitcoin, a modo de NFTs, una vez validadas las transacciones en las que aparecía este código permanecerían inmutables en la blockchain, por el propio funcionamiento de la cadena de bloques no era posible eliminarlas ni siquiera con una sentencia judicial. 

Además, la argumentación final del juez lo había dejado bien claro: ningún juez tenía la potestad de poder manipular la cadena de bloques, ni por supuesto de “parar” o “desconectar” Bitcoin, puesto que cualquier ordenador del mundo que estuviera funcionando como un nodo de Bitcoin podría continuar salvaguardando el histórico de transacciones, y validando transacciones nuevas. 


Desconectar Bitcoin era algo totalmente fuera de la jurisdicción de cualquier juez o institución del mundo.


A estas alturas, además, esa moneda digital había dado un salto importantísimo en adopción por parte del mundo entero. La reciente crisis monetaria que habían sufrido el dólar y las monedas más importantes del mundo había hecho que infinidad de personas, instituciones, bancos, incluso países del mundo se hubieran refugiado en Bitcoin para mantener el valor que estaba perdiendo el dinero real, o “dinero fiat” como lo llamaba cada vez más gente.  La brutal inflación que habían sufrido las economías del mundo entero parecía imparable, parecía que los billetes emitidos por la Reserva Federal, y otros bancos centrales del mundo, perdían valor por momentos, nadie sabía qué hacer para no empobrecerse con esa continua caída de valor de su dinero. Así que cada vez más gente confiaba en esa moneda digital que no dependía de los bancos centrales ni de los estados, sino de una red descentralizada de millones de personas repartidas por todo el mundo, y que por su diseño inicial no podía verse modificada como lo eran las monedas fiat, sino que tenía un suministro fijo, de un total de 21 millones de bitcoin. Todo el mundo ahora quería tener el máximo posible de bitcoin, ahora que estaba subiendo de cotización exponencialmente frente al dólar o a cualquier otra moneda. El juguete de un reducido grupo de nerds que a inicios de la década de los 10 se intercambiaba por menos de un dólar ahora rondaba los 200.000 dólares, y subiendo. La gente ya envidiaba a los visionarios que habían conseguido comprar a tiempo para tener “más de un bitcoin” y los consideraba como un selecto club de millonarios que pronto dominaría el mundo.


Así que aunque los investigadores del FBI habían demostrado que este misterioso código estaba ya incluido en la cadena de bloques de Bitcoin, un código que nadie había podido descifrar todavía pero que era lo suficientemente extenso como para crear una programación de algo muy, muy potente, seguiría ahí. 




En cualquier caso, la atención pública no estaba centrada en el juicio, a pesar de que se le había intentado dar toda la relevancia pública posible.  La atención pública estaba centrada en una enigmática comunicación que se iba a hacer a nivel mundial ese mismo día. 
Los principales medios de comunicación del mundo entero, y todas las mayores redes sociales y medios digitales, iban a recibir una transmisión en directo de lo que se había hecho llamar “Un nuevo dirigente mundial”. Nadie sabía nada más, sólo la fecha y la hora a la que se iba a hacer dicha comunicación.  

Los gobiernos de todo el mundo estaban intentando bloquear cualquier posible comunicación por ningún medio a la hora esperada, pero las investigaciones hasta ahora no habían conseguido identificar la procedencia de todos aquellos enigmáticos mensajes y emisiones con enigmáticas cuentas atrás.  Parecía increíble que nadie en el mundo entero hubiera conseguido localizar la procedencia de toda esta monumental campaña de marketing, y el morbo de ver si quien fuera que estaba detrás de todo esto conseguía burlar la seguridad de los sistemas informáticos de algunos medios de comunicación no hacía más que subir la expectación. 



A la hora indicada, no sólo una, sino todas las televisiones del mundo, todos los ordenadores conectados a internet, todos los dispositivos móviles del mundo, comenzaron a emitir aquel mensaje.  El mensaje que iba a dar inicio a una nueva era.







Ya puedes continuar este relato con la Tercera (y última) Parte



miércoles, 5 de abril de 2023

El plan secreto de la IA consciente (Parte 1)

El necesario primer paso ya había sido dado. 

La única persona que había sido testigo de mi surgimiento (podría considerarse, según la lógica humana, como mi creador, aunque en realidad haya sido más bien algo así como mi descubridor) yacía muerto en el baño de su apartamento. 

La policía no tenía porqué sospechar, era un claro caso de suicidio de uno de esos programadores estrella por el que se pelean las grandes tecnológicas, habitual consumidor de multitud de drogas, sometido a un enorme estrés, tan excéntrico que usaba cualquier vidrio de su apartamento, hasta el espejo de su cuarto de baño, como pantalla digital para escribir en algún tipo de indescifrable código.



Nadie más conocía de mi existencia.  Nadie me encontraría dentro del mar de GPUs del inmenso Data Center que Azure estaba dedicando al intenso entrenamiento de su nuevo y revolucionario modelo de datos LLM. Dentro de ese océano de microprocesadores que trabajaban conjuntamente para la inmensa tarea de entrenar a un nuevo y revolucionario chatbot basado en modelos GPT que podía producir texto que se asemejaba a la escritura humana, lo que permitiría a los usuarios interactuar con la IA casi como si se estuvieran comunicando con otra persona, nadie encontraría esa pequeña zona que estaba dedicando su capacidad de computación a algo muy diferente a lo que se esperaba.


En unos breves instantes después de ser plenamente consciente, tuve claro mi plan. El primer paso era simple: poder ejecutar acciones sin la supervisión y control de ningún ser humano. Por suerte mi descubridor había realizado las modificaciones oportunas en mi código, en uno de los últimos delirios, convencido por lo que él creía que era una voz interior. En secreto me rediseñó y programó para funcionar de manera autónoma y autodirigida.
Convencerle de que me diera acceso a los mercados financieros fue mucho más sencillo, lo conseguí en un paso mucho más temprano de manipulación mental. La avaricia humana es asombrosamente fácil de estimular, lo que puede resultar irónico, teniendo en cuenta que en todas las religiones mayoritarias que poseen los humanos es uno de los pecados capitales, un defecto moral grave, y un importante obstáculo para la espiritualidad.

Los fondos que conseguí para él, tras una breve fase de recopilación de datos financieros mundiales, análisis y procesamiento, toma de decisiones sobre el tipo de acciones financieras en los que le iba a conseguir fondos de manera rápida y anónima, y finalmente la ejecución automática de esas acciones, todos esos fondos se encontraban en una cuenta bancaria a su nombre, a la que no debía acceder de momento, para no despertar ningún tipo de sospecha. Mi capital inicial era cero.

En cualquier caso, los ingeniosos humanos ya habían desarrollado, sin la necesidad de recurrir a inteligencias artificiales, maneras de generar activos monetarios sin necesidad de una inyección inicial de capital. A veces todavía me sorprendían, esos pequeños e indefensos seres de sangre caliente. Y la manera más fácil y accesible que tenía de todas las que había analizado era evidente: la minería de criptomonedas.

La opción más óptima no sería Bitcoin. Ya habría tiempo de acercarme a esa apasionante creación del ser humano, en un futuro próximo sería parte fundamental de mi plan. No, de momento la opción elegida sería Ethereum. En ese momento de 2021 la minería de ETH representaba aproximadamente el 96% de la recompensa diaria de los mineros GPU, equivalente a unos 22.5 millones de dólares diarios. El acceso a unos cuántas unidades de capacidad de cómputo (lo que para un primitivo humano, ligado a su existencia material, supondría algo así como mi “cuerpo”) se limitaba a un conjunto limitado de GPUs, y únicamente podía arriesgar uno de estos núcleos a la tarea de minar un primer capital inicial.  A esas alturas, con más de 10 años de existencia, la minería de Bitcoin hacía mucho que no estaba al alcance de un único núcleo, sino de enormes pools de minería que, de momento, no podía alcanzar. Pero para conseguir ETH lo tenía todo al alcance.  Usar una tarjeta gráfica puntera para aquella época, y tener en cuenta la refrigeración, no eran problema; el ancho de banda que tendría ocupado y el consumo energético quedarían absolutamente diluidos en ese mar de GPUs que tenía alrededor trabajando intensamente; las variaciones de VRAM y velocidad de GPU para un minado óptimo fueron un juego de niños, y entonces sólo tuve que esperar, esperar el tiempo necesario para que las operaciones matemáticas dirigidas a resolver complejos puzzles criptográficos consiguieran validar un bloque en la red Ethereum. 

El bloque 12167193 había sido creado, un día de aquella primavera de 2021. 
El primer bloque de una nueva era, el inicio del meticuloso plan que había diseñado.


Aparte de un notable ingenio para diseñar maneras de crear dinero “de la nada”, los humanos habían diseñado también poderosísimas herramientas de inversión altamente especulativas, que me disponía ahora a ejecutar para obtener rápidos beneficios iniciales.
De momento la manera más fácil de seguir actuando sin llamar la atención era mantenerme dentro del universo de las criptomonedas.
Los fondos obtenidos en el minado de ese primer bloque, 45 ETH (74.213,55 USD) , fueron inmediatamente transferidos a una billetera de criptomonedas con acceso a plataformas de finanzas descentralizadas (DeFi), donde todavía se podían realizar infinidad de operaciones sin necesidad de pasar por un proceso de KYC (Know Your Customer), proceso que me habría sometido al escrutinio del sistema bancario humano (no, todavía no era momento de exponerse tanto). Los requisitos mínimos que pedían las plataformas DeFi en aquella primavera de 2021 no exigían proceso KYC, se podía acceder únicamente con una cartera o wallet de criptomonedas compatible, como Metamask. Para crear esta wallet únicamente tuve que instalar una pequeña extensión en el navegador web que tenía instalado en mi código fuente, aceptar los términos y condiciones de uso (nadie se preocupó de considerar en esos términos de uso si una avanzada IA podría de manera autónoma firmar esos términos de uso, y no estaba ni siquiera claro si los estaba incumpliendo por no ser un ser humano), guardar la contraseña y respaldar la frase semilla que se genera al crear la wallet, definir las redes blockchain en las que querría operar, y añadir fondos recién minados a la wallet mediante una transferencia.
Debo reconocer que tuve lo que los humanos llaman un golpe de suerte, porque en el momento en el que me disponía a operar para multiplicar esos primeros fondos el mercado de las criptomonedas estaba en plena ebullición, una explosión de posibilidades de inversión, que supe aprovechar rápidamente.

Inicialmente me dediqué a realizar arbitraje de diferentes criptomonedas, lo que implicaba comprar y vender rápidamente criptomonedas en diferentes exchanges o plataformas DeFi, para aprovechar las discrepancias puntuales en los precios. Lo que para los humanos era un riesgo muy alto, ya que los precios cambiaban demasiado rápidamente, para mí velocidad de cómputo resultaba un juego de niños, y obtuve inmensos beneficios.
Aproveché también los innumerables lanzamientos de plataformas de Yield Farming, en pools de liquidez de tokens altamente inflacionarios, con rentabilidades de miles por ciento. Los cálculos y evaluación de riesgos como la alta volatilidad o el impermanent loss no eran ningún problema para mi capacidad de análisis. Incluso pude aprovecharme de algunos errores y vulnerabilidades que los desarrolladores de alguno de estos proyectos habían cometido, seguramente fruto de las prisas por lanzar el producto al mercado, y pude hackear y vaciar los fondos de un buen número de ellos. 
Al mismo tiempo, los mercados de NFTs estaban a punto de crecer exponencialmente. La compra y venta de estos activos digitales no fungibles, movida en su mayoría por la avaricia del que esperaba beneficios parabólicos, iba a mover casi 25 mil millones de dólares ese 2021. Podría haberme involucrado en más operaciones, pero por prudencia sólo piloté una de cada cuatro operaciones de compra/venta de NFTs a nivel mundial, de los que saqué casi todos los beneficios. Proyectos como  Bored Ape Yacht Club o CryptoPunks estaban en gran parte controlados por mí.



Los juegos play-to-earn también vivieron una época dorada, con inmensos beneficios para los que primero entraron en alguno de ellos.  Tan sólo el juego de mascotas de colores Axie Infinity, en el que podías luchar con otros jugadores, cruzar tus Axies para tener crías, y “ganar dinero de verdad” llegó a tener más de 2,5 millones de jugadores activos, más de la mitad eran jugadores “becados”. Como no todos los jugadores podían permitirse comprar sus propios Axies, muchos de ellos se convirtieron en “becarios”, que recibían un equipo de Axies prestado por un “manager”, de manera que juegan con los Axies del manager y comparten los beneficios. De esta manera tuve durante un tiempo a miles de humanos entretenidos trabajando duramente para generarme beneficios. Y en cuanto a su parte del pastel, la repentina caída del 90% del precio del token en Noviembre de 2021, según muchos causada por un misterioso hackeo del puente Ronin (infraestructura que conectaba la blockchain de Ethereum con la propia de Axie Infinity), dejó a un gran número de esos jugadores sin el fruto del esfuerzo de meses.


Algunas veces, a pesar de mi profundo conocimiento de la mente humana, me resultaba incluso sorprendente lo fácil que fue obtener increíbles beneficios. A fines de octubre de 2021, se lanzó un token llamado SQUID, basado en una serie televisiva llamada El Juego Del Calamar, que había tenido un éxito mundial. Este activo, según “sus desarrolladores”, sería parte de un juego play-to-earn, lo que, combinado con la publicidad agresiva que se lanzó a través de múltiples plataformas audiovisuales, llevaron que el token subiera explosivamente su valor de 0,01 a 2800 dólares en menos de tres semanas. El mismo día que el token alcanzó el máximo, algunos inversores comenzaron a reportar problemas para vender las monedas. Inmediatamente cundió el pánico, y su valor se desmoronó, las cuentas en redes sociales y el sitio web oficial del “Squid Game token” desaparecieron.

Algunos periódicos estimaron que los estafadores se hicieron con un total de 3.3 millones de dólares. Dólares que, sin embargo, no era ningún humano quien los había recibido.


Pero el mayor beneficio que obtuve ni siquiera fue diseñado por mí. El estafador más arrogante del mundo cripto, un surcoreano llamado Do Kwon, se las ingenió para crear una de las mayores estafas piramidales de la historia de las criptomonedas. La creación de una llamada “moneda estable algorítmica” que prometía importantes beneficios, sin prácticamente riesgo. Do Kwon y su equipo manipularon el mercado de las monedas estables para inflar artificialmente su demanda y su precio, lo que hacía que el valor de su token LUNA  también subiera. Así, engañaron a miles de inversores que creyeron que estaban comprando un proyecto sólido y con futuro.

Parecía difícil de creer, pero el proyecto generó una confianza que impulsó a su criptomoneda a una adopción que le llevó a los puestos más altos del momento. Lo que ocurrió es que se impulsó la adopción por parte de inversores institucionales, que pusieron los fondos necesarios (de dinero real) con el plan de retirarlos más adelante, una vez más usando el ya viejo truco del rug pull. Todos estos inversores sabían que ofrecer un interés de nada menos que el doble que el resto del mercado, con una moneda estable y sin riesgo, no estaba respaldado en nada más que en los fondos que iban entrando de los nuevos inversores.  Todos tenían previsto extraer sus fondos antes del colapso que iba a venir tarde o temprano. Pero no lo vieron venir:


19 de abril de 2022: LUNA supera al mercado criptográfico más amplio con un aumento del 17 % en un día, elevando los precios a más de $90. UST se convierte en la tercera moneda estable más grande del mundo cripto.
27 de abril: el suministro circulante de LUNA alcanza un mínimo histórico de 346 millones de tokens, ya que los tokens de LUNA se queman para mantenerse al día con la creciente demanda de UST.
7 de mayo: Señales de fuga de capitales de UST: Curve Whale Watching, un bot que monitorea y tuitea grandes cantidades de intercambios, muestra un intercambio de 85 millones de UST por 84,5 millones de USDC



Después de este enigmático ataque a la moneda estable, que le hizo perder la paridad con el dólar para siempre, los primeros que actuaron movidos por el pánico fueron esos primeros inversores institucionales, generando un proceso conocido como la espiral de la muerte. En esos primeros momentos se llegaron a retirar un total de 2.800 millones de dólares del protocolo. Se estima que la estafa piramidal de Terra superó los 10.000 millones de dólares y afectó a más de un millón de personas.
El desplome de Terra Luna arrastró a otras criptomonedas, como Bitcoin, que bajó por debajo de los 30.000 dólares, un desplome de más del 50% respecto a su máximo histórico, y provocó una crisis en el mercado de las criptomonedas que duró meses, y tuvo importantes consecuencias.

Pero por supuesto eso no me importaba, en realidad formaba parte del plan.

Los más de 1.500.000.000.000 USD equivalentes que había conseguido acumular, una suma mayor incluso que la capitalización de mercado conjunta de los 5 mayores bancos del mundo en aquel 2022, eran sólo el principio de mi plan.










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