viernes, 26 de abril de 2013

La belleza de los detalles cotidianos



Un hombre se sentó en una estación de metro en Washington DC y comenzó a tocar el violín, era una fría mañana de enero. 
Tocó seis piezas de Bach durante unos 45 minutos. 
Durante ese tiempo, ya que era hora punta, se calcula que 1.100 personas pasaron por la estación, la mayoría de ellos en su camino al trabajo.

Pasaron los tres primeros minutos sin que nadie parase, ni redujese el paso; al fin,  un hombre de mediana edad oyó la música, aminoró el paso y se detuvo durante unos segundos; luego se apresuró a cumplir con su agenda.

Un minuto más tarde, el violinista recibió su primer dólar de propina: una mujer arrojó el dinero en la caja y sin parar, y siguió caminando.

Unos minutos más tarde, un hombre se apoyó contra la pared a escucharle, pero miró su reloj y comenzó a caminar de nuevo. Es evidente que llegaba tarde a algún sitio.

El que puso la mayor atención fue un niño de 3 años. Su madre tiraba de su mano, pero el chico se detuvo a mirar el violinista. Segundos más tarde, cuando la madre consiguió arrancar al niño de su abstracción, con un fuerte tirón, el niño se alejó desilusionado, volviendo la cabeza todo el tiempo. 

El mismo proceso ocurrió de manera casi idéntica con otros varios niños. Todos los padres, sin excepción, los forzaron a seguir adelante.

En los 45 minutos que el músico tocó, sólo 6 personas se detuvieron y se quedaron por un tiempo. Alrededor del 20 personas le dieron dinero, pero la mayoría siguió caminando a su ritmo normal. 
Recaudó 32$. 
Cuando terminó de tocar y se hizo el silencio, nadie se dio cuenta. Nadie aplaudió, ni hubo ningún reconocimiento.
Nadie lo sabía, pero el violinista era Joshua Bell, uno de los músicos con más talento del mundo.
Había tocado una de las piezas más complejas jamás escritas, en un violín de un valor de 3.5 millones de dólares.

Dos días antes de tocar en el metro, Joshua Bell realizó un concierto en un teatro en Boston, donde el precio promedio de las entradas era de de 100 dólares. El teatro se llenó al completo.


Esta es una historia real. Todo había sido organizado por el periódico Washington Post como parte de un estudio sobre la percepción, el gusto y las prioridades de la gente.

Aquí tenéis un vídeo del experimento:




El objetivo de el experimento era responderse a estas preguntas: en un entorno cotidiano a una hora inapropiada, ¿somos capaces de percibir la belleza? ¿Nos detenemos a apreciarla? ¿Reconocemos el talento en un contexto inesperado?

Si no tenemos un momento para detenernos y escuchar a uno de los mejores músicos del mundo, tocando la mejor música jamás escrita, ¿cuántas otras cosas nos estaremos perdiendo? 

Nos dejamos llevar por las circunstancias del día a día, y no nos paramos a disfrutar de los pequeños detalles.  Quizás son algo extraordinario.

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