miércoles, 20 de junio de 2012

El Rey ha muerto. Viva... ¿la Republica?


A veces me sorprende la extraordinaria reticencia de algunos en ceder el poder. Hablo de la monarquía española, pero lo mismo se podría aplicar a muchas otras personas que ostentan cargos de responsabilidad o poder en muchos otros ámbitos: empresas, organizaciones, etc.

El caso de nuestro monarca me parece especialmente representativo: el poder de la actual monarquía parlamentaria es realmente insignificante; su sucesor en el cargo es conocido desde hace mucho tiempo, y además goza de su absoluta confianza; la línea sucesoria, más allá de su sucesor directo, está ya garantizada.  Entonces,  ¿por qué no abdica el Rey en su hijo de una vez, y se dedica a disfrutar de su dorada (y Real) jubilación?

Retirarse voluntariamente de un cargo, aunque sea honorífico, tiene varias dificultades: primero, reconocer que tu tiempo ha pasado ya, que tu sucesor tiene mucho más que aportar que tú, que los métodos que tú utilizaste eficazmente en el pasado no funcionan en la actualizad; reconocer, en definitiva, que el Mundo ha cambiado demasiado, y que estás demasiado viejo para adaptarte.   Segundo, elegir el mejor momento para retirarte.  Posponer la decisión de retirarse hasta tener solucionados algunos pequeños detalles que no te terminan de gustar, y que más adelante esos detalles no sólo no se solucionen, sino que vayan en aumento, puede ser una indicación clara de que no estás reconociendo con claridad el punto anterior, es decir, que tu tiempo ha pasado ya.

La Casa Real española tiene un gabinete para sondear la opinión pública sobre la aceptación de la propia institución de la monarquía.  Existen varios factores que pueden afectar a dicha aceptación: por supuesto, existe en España una evidente tensión, sobre todo desde los territorios más nacionalistas, y desde los partidos de izquierda, hacia la nueva instauración de la República. Esta tensión se anuló eficazmente durante la transición a través de la figura personal de Juan Carlos I.  Su cercanía al pueblo, y su posicionamiento en momentos clave de dicha transición (la elección de Adolfo Suárez como presidente, y su posición de fuerza para anular el golpe de estado del 23F son sólo dos ejemplos) han hecho que don Juan Carlos goce de la confianza de la mayoría.

Pero su figura está sufriendo el desgaste lógico del paso del tiempo.  Hace tiempo que se debe estar planteando si debe o no abdicar en su hijo Felipe, y cuándo hacerlo.   

Ciertamente, los acontecimientos que rodean a la Casa Real durante los últimos años no se lo están poniendo nada fácil.  Sólo por citar algunos casos que le hayan podido llevar a posponer su decisión están:

- La polémica retirada de la portada de la revista  El Jueves
- La famosa salida de tono con el “Por qué no te callas"
- La evidente (presunta, quería decir) corrupción del yerno  Iñaki Urdangarin
- Las muy criticadas vacaciones del Rey en Botswana para cazar elefantes

De momento, los únicos que se han librado de situaciones que dañaran su reputación son precisamente los herederos al trono, Felipe y Letizia. Aparte, claro está, de la discreta reina doña Sofía. Esto podría acelerar la decisión del Rey en ceder el relevo, y mantenerse en un discreto segundo plano. Pero existe la creencia de que Felipe no goza de la misma popularidad de su padre. Muchos dicen que en España somos Juancarlistas, pero no monárquicos.   Esta exaltación de Juan Carlos I ha sido adoptada con naturalidad por un amplio espectro de la población, incluidos notables republicanos, hasta el extremo que muchos partidarios de la monarquía se muestran incapaces de hacer una defensa coherente de la institución. Es más fácil ensalzar la figura de un rey que defender la institución que encarna.  Pero también es mucho más peligroso.  Bastará con que ese rey empiece a chochear, o a meter la pata, para que la adulación se convierta en sátira, y en definitiva en un ataque corrosivo para la monarquía.

Parece que nuestro Rey no es consciente de este peligro.  Tampoco su gabinete parece saber aconsejarle sobre los beneficios de ceder el trono.  En unas declaraciones recientes, la reina Sofía afirmó que ”don Juan Carlos no piensa en abdicar porque para que la Monarquía en España se afiance se necesita que se escuche esa tradicional frase:  El Rey ha muerto. Viva el Rey”

Por tanto, parece que la Su Majestad no tiene la misma opinión que yo sobre la mejor manera de afianzar la joven monarquía parlamentaria española. Su receta es recurrir a frases y costumbres de la Edad Media.  Espero pues, por su bien, que no se produzca un proceso de desgaste como el que he descrito anteriormente. Que la opinión pública vaya aceptando de manera condescendiente el inevitable paso del tiempo sobre su jefe de estado.  

Pero me temo que, si ya a día de hoy ya hay un gran desconocimiento sobre el importante papel que juega el Rey en las relaciones diplomáticas al más alto nivel, y su trabajo en beneficio de los intereses de nuestro país, conforme Don Juan Carlos se vaya convirtiendo en un viejecito cada vez más limitado y más delicado de salud, la sensación general de que se trata de un cargo inútil y prescindible irá en aumento.

Vaya papelón para el príncipe Felipe, si el día que haya que gritar la famosa frase, el clamor popular la cambie por otra muy diferente:
El Rey ha muerto.  ¡Viva la República!
 

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